“Un hombre de Dios”. A menudo escuchamos la frase o la usamos en nuestras conversaciones cuando predicamos o enseñamos. Pero la pregunta es: ¿Quién es un “hombre de Dios”? ¿A quién se refiere? ¿Quiénes son los que se describen en la Escritura como “hombres de Dios”? ¿Qué los distingue? ¿Qué hace un “hombre de Dios” para que sea considerado un “hombre de Dios”?
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Un título habitual
Cuando usamos esta frase “ese es un hombre de Dios” puede ser que tengamos en mente a un hombre piadoso, a un hombre que se distinga por su vida de oración y buen testimonio entre los creyentes, o tal vez nos refiramos a un reconocido maestro de la Biblia, ya sea contemporáneo, o de épocas pasadas. A veces intercambiamos esta frase con “siervo de Dios” o “varón de Dios”. Esta son nociones y usos comunes de la frase, y en realidad son correctas, pero no ofrecen un panorama completo y preciso de la expresión bíblica “hombre de Dios”. Porque cuando nos acercamos a las páginas de la Escritura, observamos que Dios reserva esta descripción solo para un tipo de hombre, a un hombre particular. “Hombre de Dios” es un titulo precioso y lleno de significado en la Palabra. 1 Timoteo 6:11 dice: Pero tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la perseverancia y la amabilidad. Pelea la buena batalla de la fe; echa mano de la vida eterna a la cual fuiste llamado, y de la que hiciste buena profesión en presencia de muchos testigos.
Pablo identifica a Timoteo como un hombre de Dios; alguien que pertenece a Dios de manera singular y tiene una tremenda responsabilidad de servirle a Él. Recordemos que Timoteo era el delegado apostólico en Éfeso, quien había sido personalmente discipulado por Pablo para el ministerio. Pablo le había dejado en Éfeso con el propósito de instruir a la iglesia y corregir lo que estaba doctrinalmente torcido. Y ahora, al concluir su carta Pablo se dirige a Timoteo con las palabras “oh hombre de Dios”. Y es que, aunque la frase era común en el Antiguo Testamento, en el Nuevo Testamento se utiliza únicamente en referencia a Timoteo. Pero observemos cuál es el recorrido del término
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Un título escritural
La frase aparece por primera vez en el Antiguo Testamento en referencia a Moisés. Por ejemplo encontramos esta descripción en Deuteronomio 33:1 o en 1 Crónicas 23:14, y aún en textos posteriores como Esdras 3:2. Moisés, el liberador de Israel de Egipto, el autor del Pentateuco, el portavoz oficial de Dios al pueblo de Israel, era un hombre de Dios. Posteriormente el termino se usa unas setenta veces en referencia a varios personajes, Por ejemplo la vemos en referencia a Samuel (1 Samuel 9:6) y otros que profetizaron en contra de varios reyes de Israel, como Elías, Eliseo, y David entre otros. Lo interesante es que cada vez que la frase aparece en el Antiguo Testamento se refiere a un hombre que representaba a Dios, hablaba en nombre de Dios y proclamaba la Palabra de Dios. Porque el hombre de Dios es uno que ha sido llamado por Dios para enseñar la palabra de Dios al pueblo de Dios.
Cuando llegamos al Nuevo Testamento también observamos que el término aplicado, en este caso particular a Timoteo, tiene que ver con su función de proclamar, hablar y predicar la Palabra de Dios. Así, también, Pedro utiliza el término aplicado a los hombres que fueron inspirados por el Espíritu Santo y escribieron la Palabra de Dios en su segunda epístola (2 Pedro 1:21) La otra mención en el Nuevo Testamento de la expresión hombre de Dios, la que encontramos de mano de Pablo en 2 Timoteo 3 donde incluye a cualquier individuo que proclama la Palabra. Pero, principalmente en el contexto de la epístola pastoral, es un término técnico que se aplica al predicador que Dios prepara por medio de Su Palabra. Este es el uso exacto: Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra (2 Timoteo 3:16-17).
Sin duda, la Palabra de Dios perfecciona a todo creyente, pero, de manera particular, Dios utiliza su Palabra para capacitar a Sus voceros en el ministerio de proclamación y predicación. Y al llamar a Timoteo hombre de Dios, Pablo coloca a su delegado apostólico y consiervo como un hombre en esa rica tradición y lista de hombres llamados por Dios a representarle como Sus voceros proclamando Su verdad.
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¿Un título testimonial?
Podemos concluir entonces que la frase hombre de Dios es una frase técnica que incluye a cualquier hombre en cualquier época a quien Dios llama para ser su portavoz. Por eso, incluso hoy, cualquier hombre que ha sido llamado por Dios para predicar Su Palabra es colocado por Él en este grupo distinguido de hombres a través de la historia de la redención, designados como hombres de Dios. Estos son los hombres, y enfatizo, los hombres ( género masculino) que Dios llama, dota y capacita para proclamar la verdad de Dios en cada época.
En resumen: un hombre de Dios en la Escritura es un hombre singularmente llamado por Dios para proclamar la verdad de Dios revelada en su Palabra. Esa ha sido, y es, la función primordial de todo hombre de Dios (Hechos 2:41, 6:2-4; 1 Timoteo 4:13; 2 Timoteo 2:15; 4:1-2; Tito 2:1;15). Estimados hermanos y líderes cristianos, esta prioridad no ha cambiado, aunque hoy la exposición bíblica, la enseñanza cuidadosa de la palabra de Dios ha caído en decadencia. Si queremos que la iglesia florezca y los creyentes sean conformados a imagen de Cristo hemos de recobrar el sentido original de la expresión hombre de Dios.
Pero ¿cómo lo hacemos exactamente? Eso lo veremos en la próximo entrega…
