En el año 46 a.C., Cicerón escribe su obra: “Brutus”. En ella recorre la historia de la oratoria romana, repasando a los grandes oradores y situando a figuras como Julio César dentro de esa tradición. Y en la sección 262 se refiere a los escritos de Julio Cesar como “nudos illos et rectos et venustos”. Desnudo, sin adornos innecesarios, simple y elegante. Llegamos al siglo XX, al movimiento moderno arquitectónico, donde la figura del arquitecto alemán Ludwig Mies van der Rohe es clave para comprender el concepto de “menos es más”. Es decir, una arquitectura basada en la simplicidad, la eliminación de lo superfluo y la pureza de formas y materiales.

¿Cómo vivir un matrimonio para la gloria de Dios? Viviendo la simplicidad que Dios mismo establece en su Palabra. En ocasiones se buscan libros con “Cinco pasos para…”, “La técnica que…”, “Tres escalones que…” cuando el matrimonio ordenado por Dios es sencillo y no consta más que de cuatro ingredientes:

1. La distancia

Efesios 5:31: «Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne»

Este es el primer ingrediente para cualquier matrimonio. Un matrimonio para la gloria de Dios debe de tener como ingrediente base la distancia. Pablo escribe a los Efesios para recordarles cuál es su posición espiritual “en Cristo” y lo que supone en la vida real. Y en el capítulo 5 llega el turno de los matrimonios. Y Pablo no busca ser creativo, ni innovar o inventar la rueda, sino que repete el modelo de la primera boda de la historia. Una boda que Dios mismo oficia en Génesis 2:24, con Adán y Eva.

“Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre”. Adán y Eva no tenían padre o madre que dejar, pero tú y yo, es probable que sí. Y por eso Dios les recuerda la distancia, que significa romper un pacto previo. La distancia es la evidencia tangible de un cambio visible de lealtades.  Marido, tu familia ahora es tu esposa. Esposa, tu familia ahora es tu marido. Y esta distancia con los progenitores debe evidenciarse física, emocional y económicamente, porque la distancia con la familia, con el pacto anterior, va a ser reemplazada con una cercanía única:

“y se unirá a su mujer”, aunque la mejor traducción sería “CON su mujer”. De la distancia al pacto anterior, pasamos a la unión en el pacto presente. Unir implica la misma cercanía que la carne tiene con el hueso; como el cinturón se ciñe a la cintura; como una tuerca a un tornillo; como un guante a una mano, como el escalador se agarra a la pared vertical; como se pegan dos folios con pegamento… así vuestra intimidad es única y exclusiva. Es una unión que nos vas a tener, ni has tenido, con nadie más en la tierra. Nada puede, ni debe disolver esta unión, que además es exclusiva.

“y serán una sola carne“. ¿Qué significa esta expresión? Es una exclusividad que va más allá de la intimidad sexual. Como los ejércitos cuando desfilan, ahora el matrimonio debe de guardar el paso, el uno del otro. Una unidad que debe de ser trabajada y adornada por la complicidad. El primer ingrediente es la distancia sazonada con una unidad exclusiva.

2. El amor

Efesios 5:33a: «En todo caso, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo…»

Para vivir un matrimonio que de gloria a Dios, el marido, repito, el marido debes amar a su esposa como a si mismo. Esto es algo que Pablo ya apuntó en el v. 28. ¿Cómo puedes amar a tu esposa como a ti mismo?  La idea es un amor SACRIFICADO.

  1. Un amor sacrificado donde te niegas a ti mismo.
  2. Tu esposa es lo primero en tu vida, por encima de ti mismo.
  3. Buscas el bienestar físico de tu esposa: provees para todas y cada una de sus necesidades físicas.
  4. Es un amor que actúa sin interés, sin esperar nada y sin haber recibido nada. Es un amor que actúa.

Al igual que haces contigo, provee de todas las necesidades físicas de tu esposa, amándola sacrificadamente. Hay más amor: el amor SANTIFICADOR, tal y como Pablo ha recordado ya (Efe 5:25-27). Como marido, para vivir un matrimonio que de gloria a Dios, debes amar a tu esposa de manera que tu amor la ayudes a ser la mejor versión de si misma. Así es como Cristo amó a la iglesia: sacrificadamente y proveyendo para ella todo lo necesario para que alcance su máximo potencial espiritual:

  • Ama a tu esposa de manera que alcance su máximo potencial espiritual
  • Ama a tu esposa de manera que viva una vida espiritual sin mancha ni arruga
  • Ama a tu esposa de manera que viva alejada del pecado: santa e inmaculada

Nadie ha amado así a tu esposa y Dios te presta por un tiempo a una de sus hijas junto con la oportunidad única de amarla. No la desaproveches. Este mensaje de Pablo fue revolucionario. En el siglo I nadie amaba sacrificadamente a su mujer; es más, el hombre era un tirano que ejercía un dominio físico brutal sobre su esposa, sus hijas y sus esclavas. No tenían derechos. Sin embargo, si quieres tener un matrimonio para la gloria de Dios, ama SACRIFICADAMENTE Y SANTIFICADAMENTE  a tu esposa. No dejes que la sociedad dicte como debes amar a tu esposa. El primer ingrediente es la distancia sazonada con una unidad exclusiva. El segundo es un amor sacrificado del marido a su esposa que la santifica. Y el tercero, es el respeto.

3. El respeto

Efesios 5:33: «En todo caso, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido».

Esposa, respeta a tu marido. La sociedad del siglo I buscaba la venganza de la mujer contra el dominio abusivo del hombre. Hoy, la sociedad sigue buscando lo mismo. Solo el evangelio, solo Dios respeta el valor del hombre y el valor de la mujer. Y en el matrimonio que refleja lo ordenado por Dios, Él mismo otorga el mismo valor al hombre y a la mujer. NO hay ciudadanos de primera ni de segunda en este matrimonio. Lo que sí que hay son ROLES distintos. Mismo valor, diferente función. Por mucho que ames a tu esposa nunca podrás quedarme embarazado para aliviarle las molestias del embarazo, parto y postparto. Cada uno tiene su rol. Esposa respeta el rol de Manuel otorgado por Dios, y respeta tu propio rol. Demuestra ese respeto a Dios y a tu marido, sometiéndote de manera voluntaria, al rol que Dios te ha dado y al rol que Dios le ha dado a Manuel. Pablo ya lo explicó (Efe. 5:22-24). Esposa, la sociedad te va a demandar otra realidad. Pero ya sabes que esa realidad conduce al fracaso. Pelea por tu marido y respétalo. Cristo te dejó un ejemplo con su respeto al Padre. El primer ingrediente es la distancia sazonada con una unidad exclusiva. El segundo es un amor sacrificado del marido a su esposa que la santifica. Y el tercero, es el respeto.

Pero hay un ingrediente que llevará tu receta al bonus, al Suma Cum Laude. Existe un potenciador que va a asegurar que tu matrimonio sea para la gloria de Dios: Cristo.

4. Cristo

Efesios 5:32: «Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia»

Cristo es el vínculo común que une y vertebra la relación entre el marido y la esposa. Este es el modelo ordenado por Dios. Todo hombre y mujer tienen un vacío que tu marido no puede llenar, que tu mujer, hijos, trabajo, aficiones, dinero… lo que quieras, no lo puede llenar. Solo CRISTO. Solo Cristo tiene la capacidad de perdonar tus pecados pasados, presentes y futuros. Solo Cristo tiene la capacidad de otorgar vida eterna. Solo Cristo es “el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6).

“La guerra de las Galias” fue redactada entre 58 y 52 a. C., durante sus campañas militares en la Galia por Julio Cesar y brilla por su simplicidad sintáctica, con frases claras, bien estructuradas, sin abuso de frases subordinadas y de una precisión léxica encomiable. De igual manera, pero en el mundo de la arquitectura, Ludwig Mies van der Rohe diseñó el Pabellón de Barcelona para la Exposición Internacional de 1929. Es un espacio abierto, con materiales nobles como mármol, ónix, vidrio que se convirtió en icono absoluto del minimalismo arquitectónico. Tu matrimonio será un icono para la gloria de Dios únicamente con intimidad, amor, respeto y Cristo.

 

Daniel Corral

Autor Daniel Corral

Sirve al Señor en una iglesia en Pontevedra y es profesor en el Seminario Berea (León, España).

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