Ser padre es un gozo especial para quienes, por la gracia de Dios, tenemos hijos que le aman y le honran. También es una gran responsabilidad, porque la Palabra de Dios da al padre un lugar prioritario. Sea lo que sea que suceda en la sociedad, dentro de la iglesia debemos formar una generación que teme a Dios y enseñar a nuestros hijos, por palabra y ejemplo, a vivir vidas santas.

Y para ello, Dios no nos ha dejado sin instrucción. Proverbios es una compilación de afirmaciones sabias y concisas, inspiradas por el Espíritu Santo, cuyo objetivo es enseñarnos a vivir piadosamente. Es el libro básico de preceptos que los padres deben usar para instruir a sus hijos en cómo ser hombres de Dios. Y el deber primario de un padre se resume en una palabra: sabiduría. En Proverbios no se refiere únicamente a un ejercicio intelectual, sino a la conducta; quiere decir vivir de manera piadosa. Esto debemos enseñar por encima de todas las cosas.

  1. Temer a Dios

«El principio de la sabiduría es el temor del Señor» (Pr. 1:7; 9:10). Temer a Dios significa tener respeto reverencial y asombro ante Él. Debemos enseñar cómo es Dios: poderoso, santo, omnipresente, omnisciente, inmutable, misericordioso, bueno, amoroso, lleno de gracia y absolutamente soberano; también, que tiene derecho a juzgar el pecado y que solo por su gracia no somos consumidos.

El favor más grande que un padre puede hacer por su hijo es enseñarle cómo es Dios. Un concepto correcto de Dios conduce a adorarle, confiar en Él y reconocerle en nuestros caminos (Pr. 3:5-6). Cuando Dios es temido, el pecado es evitado.

  1. Guardar la mente

«Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida» (Pr. 4:23). El corazón se refiere a la mente: los pensamientos, las emociones y la voluntad. De allí sale nuestra conducta. Debemos proteger a nuestros hijos de aquello a lo que están expuestos y asegurarnos de que reciban aquello que es piadoso, especialmente la enseñanza de la Palabra. Si la mente se conserva pura, manifestarán una conducta pura, honesta, fiel e íntegra.

  1. Obedecer a los padres

Proverbios repite el llamado del padre a que el hijo escuche su instrucción. Debemos enseñar obediencia y también la consecuencia de la desobediencia: la disciplina. «El Señor a quien ama reprende, como un padre al hijo en quien se deleita» (Pr. 3:12). La disciplina no es venganza, sino amor. Si los hijos obedecen a sus padres, aprenderán también a someterse a otras formas de autoridad.

  1. Escoger sus compañías

Un padre debe enseñar a su hijo a tener cuidado con quien anda. Las malas compañías corrompen las buenas costumbres, y raramente un joven tiene la madurez necesaria para ser mejor que su grupo. Proverbios 1:10-15 advierte de quienes buscan seducirlo para conducirlo a una conducta impía. Es responsabilidad del padre saber a qué personas está expuesto su hijo y enseñarle a escoger compañeros conforme al ejemplo y a la Palabra de Dios. Es mejor cultivar pocas amistades profundas, leales y amorosas que muchos conocidos superficiales. La elección comienza con quienes aman a Dios.

  1. Controlar su cuerpo

Todo joven desarrolla pasiones que pueden llevarlo a la tragedia si no aprende a controlarse. Por eso la tentación sexual ocupa un lugar prominente en los primeros capítulos de Proverbios. La sabiduría que viene de Dios puede librarlo de la mujer extraña y de una relación sexual ilícita fuera del matrimonio (Pr. 2:16-19). El padre debe enseñar a su hijo a mantenerse alejado de todo contexto que pueda conducirlo a caer. «Aleja de ella tu camino, y no te acerques a la puerta de su casa» (Pr. 5:8). Guarda tus pies, tus ojos y tus oídos.

  1. Disfrutar a su esposa

La Biblia enseña la pureza sexual, pero también exalta el sexo dentro del contexto para el cual fue diseñado por Dios: el matrimonio. «Regocíjate con la mujer de tu juventud» (Pr. 5:18). La capacidad de procrear y el gozo del sexo fueron dados por Dios para ser disfrutados exclusivamente dentro del matrimonio.

  1. Cuidar sus palabras

Debemos enseñar a nuestros hijos a cuidar su manera de hablar: «Aparta de ti la boca perversa, y aleja de ti los labios falsos» (Pr. 4:24). Dios odia la mentira, cuyo origen está en Satanás. Debemos enseñarles a hablar la verdad y aquello que es puro y correcto, comenzando por nuestro ejemplo. Lo que una persona dice expresa su condición interna, porque de la abundancia del corazón habla la boca. También debemos enseñarles a ser prudentes y a no hablar demasiado: «En las muchas palabras, la transgresión es inevitable, mas el que refrena sus labios es prudente» (Pr. 10:19).

  1. Trabajar esforzadamente

Proverbios envía al perezoso a observar a la hormiga, que prepara en verano su alimento (Pr. 6:6-11). Es importantísimo enseñar la necesidad de trabajar para ganarse el sustento. Nada que valga la pena se obtiene sin esfuerzo. «La mano de los diligentes enriquece» (Pr. 10:4).

  1. Administrar el dinero

«Honra al Señor con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos» (Pr. 3:9). Todo lo que tenemos debe honrar al Señor. Por tanto, debemos darle lo que es suyo y enseñar a nuestros hijos a dar. También debemos administrar sabiamente el dinero que Dios nos concede. Proverbios advierte acerca de poner nuestros recursos detrás de una persona o proyecto por el cual no podemos responder. Hacerlo es abandonar la mayordomía encomendada por Dios. Si uno queda atrapado, debe hacer todo lo posible por salir (Pr. 6:1-5).

  1. Amar al prójimo

Administrar bien no significa dejar de ser generosos: «No niegues el bien a quien se le debe, cuando esté en tu mano el hacerlo» (Pr. 3:27). Si tenemos bienes para dar, debemos ayudar al necesitado como parte de nuestra manera de honrar a Dios. Amar al prójimo significa no tramar el mal, no contender sin motivo, no ser vengativo, no recurrir a la violencia, vivir en paz y satisfacer sus necesidades. Esto es amor en acción.

Conclusión

Tenemos una gran responsabilidad con los hijos que el Señor nos ha encomendado por un corto tiempo. Si no les enseñamos a temer a Dios, guardar su mente, obedecer, escoger buenas compañías, controlar su cuerpo, disfrutar del matrimonio, cuidar sus palabras, trabajar, administrar el dinero y amar al prójimo, otros les enseñarán lo contrario. El futuro de ellos y de sus hijos depende de nuestra fidelidad en enseñarles sabiamente.

Henry Tolopilo

Autor Henry Tolopilo

Henry Tolopilo desarrolla un amplio ministerio de predicación y enseñanza en EEUU e Iberoamérica y es profesor del Seminario Berea (León, España)

Más artículos de Henry Tolopilo