¡Claro! ¿Es que alguien en su sano juicio pretende añadir algo a Cristo? El peligro está que te ofrezcan un sucedáneo de Cristo y lo aceptes. El sucedáneo es sustituto de otra sustancia, normalmente de calidad inferior, pero que cumple una función parecida. Un ejemplo es el tofu como sucedáneo de la carne. El tofu se obtiene a partir de la soja, mediante un proceso similar al del queso, pero con leche vegetal. Hay estudios que trazan el origen del tofu en la dinastía Han (aproximadamente en el siglo II a. C.), especialmente bajo la vigilancia del príncipe Liu An, gobernante de Huainan. Entre los siglos XVII-XIX hay contactos de occidentales con el tofu, pero no es hasta el siglo XX que, con el brote de vegetarianismo y macrobiótica, bajo los movimientos vegetarianos y naturistas, se buscan proteínas alternativas a las de origen animal, impulsando el consumo de tofu. El tofu aporta entre 8 y 15 gramos de proteína por 100 gramos, mientras que el rango proteico de la carne está ente los 18 y 26 gramos por cada 100 gramos.

En Colosas, la iglesia estaba bajo el ataque del sucedáneo, buscando suplementar o sustituir la superioridad y suficiencia de Cristo por medio de filosofías religiosas, del legalismo, ascetismo, adoración de ángeles y otras ideas pregnósticas, que componen lo que se denominó como la “herejía colosense”. De ahí el empeño particular de Pablo para que comprendan la superioridad y suficiencia de Cristo. Pablo escribe esta carta en el año 61-62 de nuestra era, durante su arresto domiciliario en Roma. Y es en el capçitulo 2:9-15, donde el apóstol presenta dos efectos de la superioridad de Cristo que te permiten vivir el presente con la vista en la eternidad.

1. Una vida completa

No hay nada de Dios que Cristo no tenga (v.9) y todo lo que Cristo tiene de Dios lo tiene en plenitud. Cristo es plena y completamente Dios. De hecho, (v.10) Cristo es todo y tiene todo lo que necesitas. Sea cual sea la circunstancia de tu vida, de tu familia, laboral, de salud, si Dios te ha salvado en Cristo, su gracia es suficiente. Pablo conoció esta realidad de primera mano (2 Cor 12:9)[1]. No hay prueba que supere o derrote a la gracia de Dios. De hecho, Cristo no necesita ser suplementado. Y Pablo explica esta idea con dos imágenes: la circuncisión y el bautismo (vv. 11-12). En cuanto a la circuncisión, sus defensores afirman que era necesaria para la salvación. Sin embargo, olvidan el hecho de que Abraham creyó en el capítulo 12, cuando fue llamado fuera de su casa, creyó en el cap. 15 y 14 años después fue circuncidado. 14 años después de su salvación por fe. La segunda imagen es el bautismo. Pablo confirma que el bautismo no produce la salvación. Además, apunta a una palabra que hace que identifica este bautismo: fe que descansa en la obra completa que Dios hace por medio de Cristo: fuisteis circuncidados del pecado (v.11), habiendo sido sepultados – muertos al pecado (v.12), y habéis resucitado con Él a vida nueva y eterna (v.12b).

2. Una victoria completa

Pablo  lo explica en tres pasos: El primero es una salvación completa (13a). El hombre nace en pecado, muerto en sus delitos, ajeno a la vida en Dios. Pero hay noticias peores: el hombre no puede revertir esta situación. El hombre no puede hacerse a si mismo perfecto y santo. Incluso un hombre moral, que alcanza el nivel de bondad humana, fracasa en el modelo perfecto de Dios de santidad absoluta. El hombre es pecador y peca. Solo Cristo tiene la capacidad de dar vida juntamente con Él. El segundo paso es un perdón completo (13b-14). La gracia de Dios en Cristo se evidencia con un perdón absoluto (“todos los delitos”) que te ha traído de vuelta, dándote un perdón completo (Rom 3:23-24). Pablo, en el v.14 explica cómo reciben los hijos de Dios ese perdón: Cristo canceló el documento donde se reconocía una deuda que implicaba la muerte eterna y el castigo justo en el infierno. Lo canceló, lo borró, lo sacó de circulación. No queda ni una coma de ese documento. Y el tercer y último paso es una victoria completa (v.15). La cruz era el símbolo mayor de derrota y vergüenza, incluso de escarmiento. Sin embargo, la muerte en la cruz de Cristo fue…  VICTORIA. Se cumplió Génesis 3:15 y Cristo aplastó la cabeza de la serpiente. Una victoria completa que trajo un despojo del enemigo y un triunfo público, como los desfiles de la victoria romanos, en el campo Marte, donde se ordenaban convenientemente la presentación de las legiones vencedoras, los cautivos, los carros con el botín, para marchar por la puerta triumphalis, atravesando el Circo Flaminio, el Velabro, el foro Boario, el circo Máximo, la Vía Sacra, cruzando el foro Romano, cliuus Capitolinus y cima del Capitolio de la ciudad de Roma. ¡¡Roma invicta!![2] Dios ha expuesto públicamente a Cristo como su vencedor, perdonando, cancelando, despojando y triunfando sobre el pecado. La victoria ha sido completa, como la salvación y el perdón. Una vida completa, una salvación completa.

Que ¡¡Cristo invicto!! sea tu grito y que un Cristo sin añadiduras sea tu predicación y modo de vida en este año 2026, porque es válido para tu presente, el de tu familia y el de tu iglesia, así como para la eternidad. ¡¡Cristo invicto!!

 

 

[1] Y Él me ha dicho: Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, muy gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí (LBLA).

[2] “Roma invencible” era el grito romano que se acuñó muchas monedas.

Daniel Corral

Autor Daniel Corral

Sirve al Señor en una iglesia en Pontevedra y es profesor en el Seminario Berea (León, España).

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