Cuando pronunciamos las palabras “liderazgo del marido”, “autoridad del esposo”, saltan las alarmas, las personas se escandalizan, vienen a la mente conceptos como “machismo”, “abuso”… Pero la Biblia es clara en que Dios creó al hombre y a la mujer a Su imagen y semejanza, iguales en valor, iguales en dignidad. Es más, podríamos pasar todo este artículo navegando por las Escrituras exponiendo cómo la Biblia no solo no es machista, sino que además pone a la mujer en un lugar de honor elevado en épocas en las que la mujer era considerada como muy inferior al hombre.

Lo que tenemos que tener claro es que la designación de roles en el matrimonio no es fruto de ninguna influencia cultural o del pensamiento pecaminoso del ser humano caído, sino que es el diseño de Dios desde el mismo inicio de la Creación. Y Dios, en Su infinita sabiduría, diseñó que el rol del hombre sería el que ejerciera el liderazgo en la relación matrimonial, un liderazgo que, si tuviéramos que definirlo con una palabra, esa palabra sería “entregado”.

En Efesios 5:25-32 (te animo a tener el texto delante mientras lees este artículo), el apóstol Pablo nos muestra una serie de características del liderazgo entregado que nos ayudan a desempeñar correctamente nuestro rol como esposos en el matrimonio.

  1. El liderazgo entregado muestra un amor sacrificado (v. 25)

El Señor Jesucristo escogió por su soberana voluntad amar a la iglesia, amar a los creyentes, entregándose a sí mismo y humillándose hasta lo más bajo (Filipenses 2:6-8) a pesar de que no había nada bueno, deseable o merecedor de ese amor en nosotros. El amor con el que Dios ama es un amor que se da, es un amor que se entrega, es un amor sacrificado (Juan 3:16). Y los esposos tenemos que ejercer nuestro liderazgo amando a nuestras esposas con el mismo amor sacrificado con el que Cristo nos amó a nosotros.

Independientemente de si nuestra mujer está desempeñando o no el rol que le corresponde en el matrimonio, nuestro mandato como maridos es el de amar a nuestras esposas tal y como Cristo nos amó a nosotros, de una manera sacrificada. Este amor es un amor sincero que nace de la voluntad del que ama. Es un amor que no depende de los sentimientos, ni del físico de la otra persona; no influye si la situación en la que te encuentras es romántica o no; ni siquiera depende de si la otra persona merece o no merece ser amada.

Dicho esto, hemos de aclarar que esto no significa que el amor sacrificado sea un amor frío, mecánico, sin sentimientos. Al contrario, cuando se ama de esta manera los sentimientos fluyen en la relación matrimonial, el romanticismo adorna la relación, la intimidad sexual entre los cónyuges se disfruta como un regalo precioso de Dios… pero ninguna de estas cosas son la motivación de este amor, sino que son el resultado de este amor.

Este amor sacrificado implica amar a nuestras esposas preocupándonos por sus necesidades, por su bienestar, por sus inquietudes, tratándolas con delicadeza, “no siendo ásperos con ella” (Colosenses 3:19), conviviendo con ellas “de manera comprensiva, tratándola como con un vaso más frágil (1 Pedro 3:7)…Y todo esto requiere de tiempo, de paciencia, de anteponer sus prioridades y sus gustos a los nuestros… Requiere mostrar un amor sacrificado.

  1. El liderazgo entregado muestra un amor que santifica (vv. 26-27)

La responsabilidad individual de todos y cada uno de los creyentes es nuestra propia santificación (2 Pedro 3:18). Pero los maridos tenemos que ejercer un liderazgo en nuestro matrimonio que ayude a nuestras esposas en su vida de santificación. Y esto sólo podemos hacerlo a través de la verdad de la Palabra de Dios (Juan 17:17).

Por lo tanto, si queremos contribuir en la santificación de nuestras esposas, hemos de exponerlas a la Biblia, tenemos que buscar tiempo leer y estudiar las Escrituras con ellas, además de orar por ellas para que la Palabra de Dios more en abundancia en sus corazones (Colosenses 3:16).

  1. El liderazgo entregado muestra un amor que cuida (vv. 28-30)

Cuando el apóstol Pablo nos manda a amar a nuestras mujeres como a nuestros propios cuerpos no está hablado de un sentimiento de amor propio, de vanagloria o de culto al cuerpo, sino que está hablando del cuidado del bienestar de nuestro cuerpo. Los maridos hemos de cuidar a nuestras esposas con el mismo o más cuidado del que le dedicamos a cuidar de nuestro propio cuerpo.

Así como Cristo sustenta y cuida de su cuerpo, la Iglesia, nosotros hemos de sustentar a nuestras esposas proveyendo para sus necesidades, y debemos cuidar a nuestras esposas proporcionándoles seguridad, protección y bienestar.

  1. El liderazgo entregado muestra un amor inquebrantable (v. 31)

De la misma manera que la Iglesia, el cuerpo de Cristo, es inseparable de su cabeza, del Señor Jesucristo, el diseño de Dios para el matrimonio es que sea inquebrantable, que sea inseparable, que sea indivisible (Génesis 2:24). Y nosotros, los esposos, tenemos que liderar de manera entregada cuidando la unidad de nuestro matrimonio.

  1. El motivo por el que debemos ejercer un liderazgo entregado con nuestras esposas (v. 32)

El v. 32 es clave para encontrar la motivación para el correcto desempeño de nuestro liderazgo entregado: el matrimonio es una ilustración viviente de la relación de Cristo con su iglesia (Apocalipsis 21:7).

La motivación por la que debemos ser líderes entregados en nuestro matrimonio, por la que debemos mostrar a nuestras esposas un amor sacrificado, un amor que santifica, un amor que cuida, y un amor inquebrantable, es porque el matrimonio es una muestra del amor perfectamente sacrificado, perfectamente santificador, perfectamente cuidadoso y perfectamente inquebrantable que Cristo muestra con la iglesia. Si mostramos a nuestras esposas un amor diferente, o si fallamos en las muestras genuinas de este amor, si fallamos en el ejercicio de nuestro liderazgo entregado para con nuestras esposas, no solo estamos desobedeciendo a Dios, sino que además estamos mostrando al mundo una imagen distorsionada de la relación amorosa de Cristo con su iglesia. Por eso es de vital importancia que ejerzamos un correcto liderazgo entregado en nuestros matrimonios.

Juan Vicente Sánchez

Autor Juan Vicente Sánchez

Graduado del Seminario Berea y anciano en la Iglesia Evangélica de Orfila en Linares (España).

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