¿Has asistido a una boda recientemente? Aunque cada vez se celebran menos enlaces matrimoniales, seguro que has asistido a alguna boda en el pasado. Como parte de cada ceremonia se realizan los votos matrimoniales; esas palabras que los novios se dicen durante la celebración y que son las promesas que se realizan mutuamente. Hasta hace no tanto, los votos solían estar bastante estandarizados. Sin embargo, en los últimos años los escriben los novios y es complicado encontrar dos iguales. Podemos encontrar votos originales, tales como: “Prometo que me despertaré antes para prepararte el café”. Otros más románticos del tipo: “No necesitamos grandes cosas, porque yo sólo necesito que tú estés a mi lado para ser feliz”. Incluso hay votos divertidos: “Prometo aguantar tus extraños gustos musicales cuando vayamos juntos en el coche”.
Ahora, ya sean votos clásicos o modernos, ¿reflejan adecuadamente lo que la Biblia enseña sobre el matrimonio? Las Escrituras al final del capítulo 5 de Efesios tratan el tema del matrimonio describiendo a un marido y a una esposa según Dios. Esta enseñanza sigue el hilo y desarrolla el mandato del versículo 18 del mismo capítulo, cuando afirma: “Sed llenos del Espíritu”. Un creyente lleno del Espíritu significa que está bajo su control e influencia, según la Palabra de Cristo habita abundantemente en su corazón (Colosenses 3:16). Las consecuencias visibles se manifiestan en alabanza a Dios en lugar de elogio ególatra (Efesios 5:19), gratitud incondicional a Dios en vez de queja e insatisfacción (Efesios 5:20) y sumisión mutua a Dios en los distintos ámbito de la vida en lugar de rebeldía e insumisión (Efesios 5:21). Precisamente, esa sumisión causada por el control y la influencia del Espíritu en la vida de un creyente se manifestará en el ámbito matrimonial, familiar y laboral (Efesios 5:22-6:9).
En esta progresión y contexto podemos observar como Efesios 5:22-24 esboza el retrato de una esposa espiritual, es decir, aquella mujer que vive bajo la influencia del Espíritu y la guía de la Palabra en su vida. De manera específica, este pasaje nos muestra tres manifestaciones de una esposa espiritual, las cuáles no son las únicas que enseña la Biblia en su conjunto, pero sí las que enfatiza este pasaje en particular.
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Se somete voluntariamente a su marido
La primera manifestación de una esposa espiritual, es decir, aquella cuya vida está bajo el control y la influencia del Espíritu, es que se somete voluntariamente a su marido, tal como el versículo 22 afirma, “las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor”.
Algunos tratan de desmentir este claro mandamiento aludiendo que en algunos manuscritos originales este verbo no se encuentra. Aunque esta afirmación sea cierta, y fuera el caso, realmente no haría diferencia alguna, ya que la fuerza imperativa viene provista del versículo 21, y el mismo mandato es reiterado explícitamente en el contexto inmediato en el versículo 24. No hay duda de que esta es la enseñanza clara del pasaje. El verbo significa “estar bajo la autoridad de otro”, y en este caso, por la forma en la que lo expresa en estos versículos quiere decir “ponerse o colocarse bajo la autoridad de otro”. La mujeres no han de someterse a todos los hombres por razón de su sexo, sino como el texto especifica cada mujer casada a su propio marido. Es decir, la esposa al casarse se coloca voluntariamente bajo la autoridad y el liderazgo del marido. Y luego, cada mujer y cada hombre están bajo la autoridad pertinente en los distintos ámbitos de vida según Dios lo ha diseñado (hijos-padres, empleados-jefes, creyentes-pastores, todos-autoridades civiles, etc.).
El sometimiento de la esposa al marido no es un mandato cultural, sino bíblico y atemporal. En aquella época en Éfeso y Asia Menor ya había movimientos feministas incipientes entre las mujeres de mejor posición social que se iban filtrando al resto en esa sociedad. Sin embargo, la enseñanza de la Palabra al respecto era muy diferente, no sólo en este pasaje, sino en otros que claramente enseña lo mismo (Tito 2:4-5; 1 Pedro 3:1-2; Colosenses 3:18). El modelo de este sometimiento voluntario al marido es “como al Señor”. La mujer que se pone bajo la autoridad de su esposo entiende que es el mandato del Señor mismo. Según se somete al Señor en primer lugar, se someterá consecuentemente en el hogar. La mujer sabia entiende y abraza la voluntad de Dios revelada (cp. Efesios 5:15, 17), y según la Palabra habita en su corazón tendrá un deseo genuino de seguir a su marido, gobernada e influenciada por el Espíritu. Ningún hombre merece que se sometan a Él, ni el ámbito del hogar, ni en ningún otro. Sin embargo, el que merece nuestra sujeción y sumisión es el Señor, quién en su sabiduría perfecta ha establecido un orden en el matrimonio basado en su creación para nuestro bien y su gloria. Esta sumisión es la respuesta a la voluntad de Dios. El sometimiento no es la respuesta natural del ser humano, sino que es parte del fruto espiritual que se manifiesta en la vida de un creyente cuando está bajo la influencia y control del Espíritu, según se expone y está empapado de la Palabra de Dios.
La idea la lucha de sexos se generalizó en los años 70 y 80 del siglo pasado, siendo uno de sus puntos más mediáticos el partido de tenis entre Billie Jean- King, ganadora de varios Grand Slams, y Bobby Rigs, tenista retirado que había llegado a ser el número 1 del mundo. Este partido era mucho más que un encuentro de tenis, ya que enfrentaba a una feminista exacerbada con un machista a ultranza. Todas estas ideas se ha desarrollado especialmente en los últimos 50 años hasta las actuales ideologías ultra feministas y la supuesta liberación de la mujer. Sin embargo, nuestra influencia no ha de venir de las ideas de la sociedad, sino de las ideas de Dios; lo que Él enseña en su Palabra. Si estamos empapados de las ideas humanas, ineludiblemente el resultado será impiedad y rebeldía. Sin embargo, cuando estamos empapados de las ideas de Dios, el Espíritu Santo producirá fruto espiritual en nuestras vidas que se manifestará de diversas formas piadosas. En este caso, una esposa espiritual lo manifestará por medio de un sometimiento voluntario a su marido. El marido no es el encargado de reclamar, ordenar, ni mucho menos obligar a su esposa a someterse a su liderazgo, sino que su papel según Dios es liderar amorosa y sacrificadamente (Efesios 5:25-30). En su lugar, es el Espíritu el que hará esa obra en la esposa, según crezca y madure espiritualmente.
2. Se somete razonadamente a su marido
La segunda manifestación de una esposa espiritual, es decir, aquella cuya vida está bajo el control y la influencia del Espíritu, es que se somete razonadamente a su marido, tal como el versículo 23 afirma, “porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo el mismo el Salvador del cuerpo”.
La razón por la que la esposa ha de someterse al marido no es sustancial o esencial, es decir, porque el hombre sea superior a la mujer. Hombre y mujer son iguales por naturaleza, ambos creados igualmente a la imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:27; 1 Pedro 3.7). Ninguno es superior al otro ante Dios. La razón por la que la esposa ha de someterse al marido es funcional, es decir, porque Dios ha delegado al esposo la función de líder en el hogar, y a ella ser su ayuda idónea (Génesis 2:18-24). Ha habido mucha discusión en recientes años sobre el significado del término “cabeza”. Aunque puede significar en algunas ocasiones “origen”, su significado más natural por el contexto es “autoridad” (cp. Efesios 1:22; 5:22-24). La forma en la que lo afirma muestra que es una realidad, en otras palabras, es un hecho. Puede que el marido sea un buen líder o un mal líder, activo o pasivo, responsable o negligente, ausente o presente, pero es el líder en el hogar según Dios. La esposa ha de comprender esto y ponerse bajo su liderazgo, ya que será él quién rinda cuentas a Dios por ello. La causa del sometimiento es el orden de Dios y las distintas funciones asignadas por Él en el matrimonio.
Este patrón sigue el modelo y el ejemplo de Cristo y su iglesia. Entender que Cristo es la cabeza de la iglesia es la base para comprender que el marido es la cabeza de la esposa. De hecho, es el fundamento para tal afirmación. Cristo es el ejemplo perfecto de cómo ha de ejercerse esa autoridad, y así el marido ha de reflejar a Cristo en su matrimonio según ejerce ese liderazgo delegado. ¿Cómo ejerce Cristo su liderazgo sobre la iglesia? Es un líder amoroso (Efesios 5:25b), sacrificado (Efesios 5:25c), espiritual (Efesios 5:26-27), abnegado (Efesios 5:28), sustentador (Efesios 5:29a) y cuidadoso (Efesios 5:29b). Cristo es el líder ejemplar y modelo para los maridos. Ahora, la esposa, sea su marido más o menos como Cristo, o ni siquiera seguidor de Cristo, ha de entender que Dios le ha colocado como responsable del hogar, y esa es la razón por la que se pone bajo su liderazgo (1 Pedro 3:1-6).
La sumisión espiritual no es emocional, sino racional. La esposa casi nunca va a sentir que quiera someterse a su marido, es más, va a luchar con la tendencia pecaminosa de controlar a su marido y tratar de mandar en su matrimonio como consecuencia de la caída (Génesis 3:16; cp. 4:7). Sin embargo, como nueva criatura en Cristo Jesús, el Espíritu de Dios usará su Palabra para seguir conformándola a la imagen de su Señor y Salvador. El liderazgo del marido en el hogar no es ganado, ni merecido, sino atribuido, siendo una gran responsabilidad delante de Dios.
3. Se somete totalmente a su marido
Finalmente, la tercera manifestación de una esposa espiritual, es decir, aquella cuya vida está bajo el control y la influencia del Espíritu, es que se somete totalmente a su marido, tal como el versículo 24 afirma, “pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo”.
Hemos de comenzar por considerar lo que no significa el que las esposas deban estar sujetas en todo. No quiere decir que lo estarán cuando el marido lo merezca o sólo cuando la esposa esté de acuerdo. Tampoco que sólo se vaya a sujetar cuando le sea conveniente. O que se vaya poner voluntariamente bajo la autoridad que Dios le ha delegado a su marido en todo, salvo en una o dos cosas que son sus líneas rojas personales. Ni mucho menos significa que la esposa tenga que someterse a su marido cuando vaya en contra de lo que Dios enseña, o le prohíba algo que Dios ordena, ya que hemos de someternos a Dios antes que a los hombres (Hechos 5:29). Y claro está, esto no quiere decir que ninguna esposa haya de tolerar ningún tipo de abuso por parte de su marido, ya que esto igualmente está en contra de la voluntad de Dios e incluso también penado por las leyes humanas.
¿Qué quiere decir entonces que ha de estar sujeta en todo a su marido? Significa que mientras no vaya en contra de la clara voluntad revelada de Dios, ha de seguir el dirección y liderazgo de su marido en cada área de la vida. Incluso, si él es un incrédulo. De hecho, la piedad de la esposa demostrada por su sumisión puede ser usada por el Señor para ganar a su marido aún sin palabras (1 Pedro 3:1-2). Este no es un mandato condicional, es decir, no depende de si el marido le ama como debería. Al igual que el marido es llamado a amar incondicionalmente a su esposa aún si ella no sigue su liderazgo, de la misma forma la esposa es llamada a sujetarse a su marido aún si este no le ama como debiera. La motivación a hacer esto es nuestro amor a Cristo, siguiendo su modelo, roles y funciones establecidos sabiamente por Él en su Palabra. Y el que nos capacita y mueve a hacerlo es el Espíritu que crea esta convicción en nosotros según hemos nacido de nuevo y estamos empapados de su Palabra.
De nuevo, el patrón, el modelo y el ejemplo a seguir es Cristo y su relación con su iglesia, “así como la iglesia está sujeta a Cristo”. Cristo es la cabeza de la iglesia (Efesios 1:22) y la iglesia responde al liderazgo de Cristo sujetándose voluntariamente a Él en todo. Ahora, si una persona no se somete a Cristo en todo, ¿cómo se va a someter a ninguna otra persona? La verdadera sujeción que agrada a Dios comienza en el corazón y empieza por Cristo mismo. Cuando esto es así, será mucho más sencillo mostrar esa misma espiritualidad en el matrimonio.
Ahora, que el sometimiento de las esposas a sus maridos ha de ser en todo, no quiere decir que la autoridad del esposo es ilimitada. Su autoridad es delegada y tiene unos límites que los establece la Palabra de Dios. Estos versículos no son un cheque en blanco para que el marido sea un pequeño dictador déspota en el hogar. Su papel es guiar y liderar a su familia, siguiendo la Palabra y creciendo en semejanza a Cristo. Además, que la esposa tenga que seguir su liderazgo, tampoco implica que él sea un marido incomprensivo. Él marido piadoso escuchará, comprenderá y contará con su esposa para las decisiones del hogar, aunque finalmente sea él quién esté encargado y sea responsable de la dirección y toma de decisiones. El marido ha de usar su posición de liderazgo para el bien del hogar, y para ello ha de entender cuales son las opiniones, necesidades, miedos, sentimientos y realidades de la esposa para ejemplificar un liderazgo en semejanza a Cristo (1 Pedro 3:7). Y, por supuesto, estos versículos de ninguna manera legitiman maridos toscos, desagradables, caprichosos y egoístas. El marido no ha de ejercer ese rol que Dios le ha delegado para su propio bien o conveniencia, sino que lo ha de poner en práctica en un contexto de amor, provisión, cuidado y protección de su esposa, anteponiendo los intereses de ella a los suyos propios (Efesios 5:25; Colosenses 3:19; Filipenses 2:3-5).
Las esposas han de saber que sus maridos no siempre van a reflejar a Cristo perfectamente, ni a ejercer un liderazgo piadoso siempre, al igual que ellas tampoco lo van a hacer, ni a someterse perfectamente. Sin embargo, lo que el Señor enseña en este pasaje es su voluntad perfecta en la cual somos llamados a crecer progresivamente, según Él traiga convicción desde su Palabra en el poder del Espíritu. Esto sólo es posible si una persona está verdaderamente en Cristo. Su amor por Él y su confianza en Él será el motor que mueva su voluntad a ponerla bajo su autoridad también en este tema.
Ojalá que en las bodas cristianas, independientemente de que sus votos sean modernos o tradicionales, se hagan promesas de acuerdo a la Palabra de Dios, y sean la base bíblica del matrimonio que honra a Dios. Oramos que en los matrimonios cristianos, o en los que uno de los cónyuges sigue a Cristo, se manifieste la piedad siguiendo los roles y funciones establecidos por Él en su Palabra. Y, finalmente, todo esto sea realizado por la gracia de Dios en la vida de aquellos que han confiado en Él como su Señor y Salvador. Que nuestra mayor influencia sea su Palabra, nuestro referente Cristo, y su Espíritu quién nos capacite para vivir vidas para su gloria, incluido nuestro matrimonio según refleja a Cristo y su iglesia.
