La verdad de Dios es la posesión más preciosa e importante en la vida de un hombre. Sin la verdad de Dios revelada en su Palabra ningún ser humano puede llegar a salvación (1 Timoteo 3:15), y sin la verdad de Dios ningún redimido puede crecer en santificación (Juan 17:17).
La Escritura también enseña que la verdad de Dios es indispensable para tener victoria contra el diablo y sus huestes. La lucha espiritual demanda que como cristianos estemos familiarizados y controlados por la verdad.
Es justamente lo que el apóstol Pablo tiene en mente cuando instruye a los creyentes en el capítulo 6 de Efesios en el versículo 14: Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia.
Pablo está describiendo la armadura espiritual del cristiano en su lucha espiritual comparándola con la armadura de un soldado romano. Efesios 6:11-12 dice: “Revestíos con toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las insidias del diablo. Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”. Pero entre todos elementos que componen la indumentaria del soldado, es notable observar que la primera pieza de la armadura que el apóstol subraya es la túnica de la verdad. La palabra verdad (ἀληθείᾳ en griego) puede referirse al contenido o actitud en la verdad. Ambos sentidos se encuentran por implicación en el versículo 14. Debemos conocer la verdad de Dios (contenido) y hablar actuar con verdad (actitud).
La segunda parte del versículo 14 dice “y vestidos con la coraza de justicia”. La coraza era la pieza de la armadura de un soldado romano que cubría sus órganos vitales, corazón y vientre. Esta pieza es muy simbólica en la analogía de Pablo. Para un judío el corazón representaba el centro del proceso intelectual de un hombre y el vientre el centro de las emociones humanas. Así lo explica Jesús en Marcos 7:21-23: “Porque de adentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, avaricias, maldades, engaños, sensualidad, envidia, calumnia, orgullo e insensatez. Todas estas maldades de adentro salen, y contaminan al hombre”.
Y observa que en la lucha espiritual, Satanás busca atacarnos primordialmente en nuestros pensamientos y emociones. El diablo nos tienta con mentiras, inmoralidad, medias verdades, dudas y cosas similares. La meta del enemigo es corromper nuestros pensamientos y afectar nuestras emociones llevándonos a una conducta pecaminosa.
Entonces, te pregunto, ¿Cómo está tu conocimiento y compromiso con la palabra de verdad? Porque la victoria contra las asechanzas del diablo (v. 11) sus mentiras y tentaciones se logra solamente cubriéndote con la verdad, conociendo bien la verdad de Dios en su Palabra y viviendo en obediencia a esa verdad. Que tus pensamientos y emociones estén cubiertos con la coraza de justicia que comienza con una relación correcta con Dios, quien es la fuente de toda justicia. Ora, medita en la verdad, pide que el Señor te conceda Su gracia que es suficiente para cada situación con la que te enfrentas.
