Es posible que para ilustrar la importancia del tema que nos ocupa, debamos observar una de las batallas más épicas y trascendentes de la historia. No, no vayas a por ningún volumen de J.R. Tolkien a tu estantería, ni hace falta que tomes en tus manos ningún libro de historia bélica, porque el relato al que me refiero se encuentra en la Biblia, concretamente en Mateo 4:1-11 (pausa un minuto aquí este artículo y lee la cita con atención). Si, nos encontramos ante el texto conocido como “la tentación de Jesús”, pero antes de que creas que me he inventado una batalla que no hay, recuerda que aquí encontramos a Jesús cara a cara con Lucifer. Todo el poder de las huestes demoníacas contra la debilidad de Dios; o eso es lo pensamos habitualmente, porque Jesús, humanamente hablando, tenía mucha hambre y a nosotros no hay quien nos aguante en esa situación ¿verdad? Sin embargo, pasamos por alto que esto era un combate espiritual a muerte, en el que la gloria de Dios y hasta el destino de tu alma, querido lector, estaban en juego. Pero Jesús había pasado 40 días afilando sus armas para este preciso momento.

¿Cómo podemos enfrentar las dificultades espirituales con el mismo aplomo que Jesús enfrentó a Satanás, con las mismas disciplinas que caracterizaron el ministerio de Jesús? Dos armas que hoy en día, por la gracia de Dios, están a disposición de todo creyente para enfrentar el pecado, sufrir las dificultades y crecer en su vida cristiana. ¿Cuáles son estas dos armas? la oración y la propia Palabra de Dios.

1. La oración

Los evangelios nos muestran que cada vez que Jesús se quedaba a solas, una de sus principales actividades era orar, como nos muestra Lucas 5:16, y otras veces buscaba ese tiempo activamente (Mateo 14:23, 26:36; Marcos 1:35; Lucas 6:12, 9:18, 11:1) En su humanidad, no se aferró a su poder para enfrentar fácilmente cualquier vicisitud, sino que buscó la comunión íntima con el Padre para que obrase a través de Él en cada circunstancia, incluso en las obras que llevaba a cabo como nos muestra Juan 5:19-29. Como seguidores de Cristo, nosotros debemos imitar esta dependencia, por un motivo todavía mayor, porque nosotros no podemos alcanzar ni el poder ni la mente de Dios, necesitamos de Su intervención continua en nuestra vida a través del Espíritu Santo.

La verdadera oración es un medio para glorificar a Dios y exaltar el nombre de Cristo a la vez que trae paz a la vida del creyente y fortalece su fe. La oración no es solo un canal unidireccional para que nosotros hablemos a Dios, sino que actúa en nuestra mente, transforma nuestra comprensión de Dios, es un moldeador que conforma al creyente a la voluntad de Dios y a la imagen de Cristo para vivir como verdaderos hijos de Dios, relegando nuestras preferencias y nuestros deseos a un segundo plano, siendo Cristo quien pasa a ocupar el lugar central.

2. La Palabra de Dios

En el momento oportuno, cuando Satanás estaba frente a Jesús buscando la posibilidad de que cometiese un ligerísimo error, con el descaro e impertinencia propios de quien es la personificación de la mentira y el engaño, Jesús no dudó: desenvainó su espada y asestó golpe tras golpe, manejando de manera precisa y certera la Palabra de Dios hasta derrotarle. Esta debe ser nuestra principal arma.

Cómo Jesús demostró a través de sus enseñanzas, la Palabra de Dios es esencial, debe ser uno de los pilares que sostienen la vida del Cristiano, pero conocer tu Biblia requiere más que una lectura casual, demanda una observación cuidadosa, una interpretación en base al texto y una meditación sosegada, que permita entender cómo aplicar la enseñanza a nuestra vida o a la de aquellos que nos puedan escuchar, esta es la manera en la que realmente nuestras vidas van a ser nutridas y equipadas.

La lectura recurrente de la Biblia es la única manera de obedecer el mandato de Cristo “estén ceñidos vuestros lomos y vuestras lámparas encendidas” (Lc. 12:35). Jesús es enfático en este área, porque una de las tácticas favoritas de Satanás es el ataque sorpresa. Imagina que gran tumulto se formaría en una fortaleza, si su soldados tuvieran una formación precaria e inesperadamente sonara la trompeta, advirtiendo que el enemigo está ante las murallas. Se cometerían errores y el miedo haría mella en los combatientes, debilitando la capacidad de respuesta y la efectividad de la defensa de la ciudad. Lo mismo ocurre con nosotros, si no buscamos armar de manera eficaz nuestra mente con la Palabra de Dios, cuando llegue el momento de la dificultad procuraremos echar mano de unas armas que no tendremos, que puede que no sepamos usarlas adecuadamente por falta de entrenamiento o permanezcan desafiladas, y por lo tanto serán inútiles.

El creyente tiene la obligación de leer y conocer su Biblia para proteger e instruir su mente y vivir de una manera ordenada delante de Dios. Spurgeon decía: “Una Biblia que se está cayendo a pedazos generalmente pertenece a alguien que no lo está”, porque ella es el medio a través del cual Dios nos habla directamente y nos proporciona dirección, fortaleza, corrección, consuelo y esperanza, manteniéndonos firmes ante cualquier circunstancia.

En la vida del creyente, pocas disciplinas son ta fundamentales como la oración y la lectura diaria de la Biblia. En un mundo caracterizado por distracciones constantes, ruido incesante y demandas interminables sobre nuestro tiempo, el creyente enfrenta desafíos sin precedentes para mantener una comunión íntima con Dios. Sin embargo, es precisamente en este contexto donde la oración y la lectura bíblica diaria se vuelven aún más cruciales, porque estas prácticas no son meras sugerencias o cuestiones de obligaciones religiosas, sino pilares esenciales para una vida cristiana fiel y en continuo crecimiento como se espera de todo aquel que sigue a Cristo.

Eliezer Pazos

Autor Eliezer Pazos

Eliezer es graduado del seminario Berea y sirve como uno de los pastores en la iglesia Casa de Gracia y Verdad en la ciudad de Oviedo

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