En un mundo donde estamos expuestos a innumerables mensajes, imágenes, anuncios, historias y todo tipo de comunicación, ya sea más directa o indirecta, … debemos reconocer que somos cada vez menos propensos a prestar atención con tanto ruido a nuestro alrededor. Aún se complica más porque se nos hace duro saber qué es verdad y qué no, qué se atiene a la realidad “real” y cuáles son deepfakes sibilinos enmascarados de autenticidad. Nuestras mentes batallan no solo por filtrar el mensaje, sino también al emisor del mensaje. Y, como resultado, y a pesar de toda esa información, enfrentamos una crisis profunda en lo que a la comunicación se refiere. Y la iglesia no está exenta de todo ello. De hecho, nunca lo ha estado.

En tiempos de la iglesia primitiva, el apóstol Pablo instruye al joven Timoteo haciéndole ver que el contexto en el que se encuentra él y especialmente en su liderazgo de la iglesia de Éfeso, es en medio de una crisis de apostasía, manipulación y turbias motivaciones. Dentro de la propia iglesia algunos abandonarán la fe, prestando atención a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios (1 Ti 4:1), y estos lo harán mediante una comunicación hipócrita, de mentira, de falsedad… Es por eso que la instrucción de Pablo es clara: Timoteo está en medio de ese mundo, pero él debe ser un buen ministro del Evangelio, no por sus esfuerzos, sino por la obra de gracia que Dios ha hecho en su vida. Es una respuesta a lo que ya es, por tanto, debe ejercitarse en lo que ha recibido de Dios, con el fin de ser más piadoso, más semejante a Cristo.

El ejercicio de la piedad es activo. Es un entrenamiento duro. El hombre se debe ocupar con temor y temblor en la salvación ya recibida, sabiendo que Dios obra el querer y el hacer por su buena voluntad (Filipenses 2:12-13). Por tanto, lo que hará una vida piadosa, entre otras cosas, es ser de testimonio y de impacto sobre los demás. En medio de una generación maligna y perversa, consiste en resplandecer como luminares en el mundo (Filipenses 2:15)

Esto el apóstol Pablo lo sabe muy bien, y por eso enfatiza en su carta a Timoteo en varias ocasiones la vital importancia de ser ejemplo. Como creyente maduro debía ser irreprensible, piadoso y ejemplar. Pero Pablo también sabe que la edad del joven Timoteo podría ser un obstáculo para los que recibieran la instrucción de su parte. En el versículo 12 de esta carta, le advierte: No permitas que nadie menosprecie tu juventud; No sabemos la edad que podía tener, pero probablemente era lo suficientemente joven para que parte de la iglesia no le prestara la debida atención.

Aún hoy en día vivimos bajo estas mismas actitudes. En ocasiones, personas mayores y curtidas no dejarán que nadie de edad claramente inferior pueda aportarle ningún tipo de exhortación. No porque no sea buena o pertinente, sino porque el emisor es más joven o no está a su nivel. Este pecado de orgullo puede convertirse en un agotamiento y una lucha para los responsables de una iglesia. El apóstol lo sabía, y el Espíritu Santo mueve a Pablo a dar con la receta para que esto no sea convierta en un problema, sino en una oportunidad de ser más piadosos. Sigue diciendo el versículo 12: antes, sé ejemplo de los creyentes…

La madurez, la integridad, el ejemplo, el ser modelo… Esto es lo que va a romper estos esquemas, y lo que va a permitir que el trabajo de Timoteo sea eficaz en el ministerio. Pablo quiere que Timoteo no sea obstáculo, y que lo que le rodea tampoco lo sea, en este caso su edad. Para ganarse el respeto, debías vivir una vida que respaldara congruentemente tus palabras y tus acciones.

Tener una vida ejemplar es algo de vital importancia, porque puedes convertirte en un instrumento de bendición para el Evangelio, o puedes ser un estorbo que desprecia el nombre de Cristo. Pablo en numerosas ocasiones llama a los creyentes a imitadle a él, de la misma manera que Él imita a Cristo (Filipenses 3:17, 4:9). Tenía un listón alto, en el cual el creyente consagrado es un espejo que debía reflejar a Cristo. No se trata de vidas teóricas o hipócritas, como hacían los falsos maestros. La fe genuina debe dar fruto y evidenciarse. En este caso, Timoteo debía ser el joven en el cual la iglesia debía ver el reflejo de Cristo.

El versículo termina con 5 aspectos en los que debe ser ejemplo:

  1. En palabra

Es decir, predicando, en conversación personal, en grupo… En la manera de expresar las palabras. Las palabras reflejan lo que hay en tu corazón. Ya lo dijo Jesús en Mateo 12:34: “Porque de la abundancia del corazón habla la boca”.

El mismo apóstol Pablo lo expresa como una evidencia de una nueva vida en Cristo: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Efesios 4:29)

En definitiva, ser ejemplo con lo que hablamos. Con lo que sale de nuestra boca. Con las palabras que utilizamos… Y no solo en palabra hablada, sino también en honradez, en la intención de tu corazón.

  1. En conducta

Se refiere a costumbres, comportamiento, hábitos, al modo de tratar a las personas, … Como claramente refleja el apóstol Santiago en su epístola: “¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre” (3:13). Una conducta que nace de un corazón regenerado y produce buenas obras cuando le va bien, cuando no va tan bien, cuando está con personas difíciles, y en medio de situaciones tensas. El ejemplo de conducta lo tenemos en el Señor Jesucristo que actuó con verdadera humildad.

  1. En amor

Si bien nos enfoca en la comunión y en las relaciones de forma horizontal… No es otra cosa que profundo apego personal a los hermanos. Una auténtica preocupación por el prójimo. Un amor sacrificado, activo, que toma decisiones en favor de otros. Se preocupa por la santidad de los hermanos, por las necesidades personales, emocionales, espirituales… y actúa. (1 Juan 3:14, Santiago 2:15-16). El amor ejemplar es el que encontramos en Cristo Jesús, que aun siendo sus enemigos, “Dios muestra su amor con nosotros en que, siendo pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

  1. En fe

Timoteo no debía olvidar que su devoción, su relación de comunión con Dios, debía ser fiel y auténtica. Él necesitaba ser ejemplo a los demás en su lealtad con Dios por encima de todas las cosas. Esto significa que su prioridad debía ser tener comunión viva con Dios. Y para ser ejemplo debía ser una relación marcada por la confianza, por la autenticidad, y por la verdad. Debía estar saturado de la verdad de Dios (Colosenses 3:16) y un compromiso con la oración constante (1 Timoteo 2:8). Su ejemplo en esta área podía impactar grandemente a la iglesia.

  1. En pureza

Finalmente, Timoteo debía ser un ejemplo en integridad. Esto es, en pureza. Tanto en pensamiento como en hechos. Una conciencia limpia. Es decir, una mente y una vida que no está aprisionada por estos pensamientos. Específicamente se refiere a la sexualidad. Los mandamientos a lo largo del Nuevo Testamento son claros: Huid, apartaos de la fornicación (1 Corintios 6:18; 1 Tesalonicenses 4:3), marido de una sola mujer (1 Timoteo 3:2). Implica alejarse de todas aquellas cosas que insinúan, son sugerentes, atraen y atrapan. Debía cuidarse físicamente y en su pensamiento. No caer en los lazos del pecado ni ceder a la astucia de los deseos sexuales como enseña Proverbios 5 al 7.

Una vida ejemplar dignifica el Evangelio. Nuestra buena conducta en Cristo (en hecho) y teniendo buena conciencia (en pensamiento) es el camino para avergonzar a los que puedan murmurar contra nosotros (1 Pedro 3:16). El camino no es fácil, requiere dedicación, obediencia a Cristo y perseverancia. Pero este camino, es provechoso, de bendición para la iglesia, así como diría Pablo: “Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos” (1 Timoteo 4:15).

Pablo Cabrera

Autor Pablo Cabrera

Pablo Cabrera sirve como anciano en la Iglesia Bíblica Evangélica de Murcia y es tutor en el Seminario Berea. Está casado con Dina y tienen 3 hijos.

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