“Porque ¿busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo”
(Gálatas 1:10)
En la actualidad, la iglesia evangélica está alcanzando cotas de aceptación muy altas en España, algo muy inusual en su historia. Como dato interesante, actualmente existen más lugares de culto evangélicos en Madrid que parroquias católicas (855 frente a 690). Quizá debiéramos preguntarnos el por qué de este crecimiento en los últimos años de las denominaciones cristianas evangélicas y, sin embargo, por qué a su vez cuesta tanto encontrar iglesias en las que la predicación del Evangelio sea preeminente y fiel a como nos fue encomendado en la Escritura.
Este problema no es nuevo, es casi tan antiguo como la propia predicación del Evangelio en los inicios de la expansión de la Iglesia. En la carta de Pablo a los gálatas, apenas al inicio, Pablo se ve obligado a responder a acusaciones por parte de quienes estaban pervirtiendo el Evangelio de Cristo añadiendo mandamientos de la ley mosaica como si estos fueran necesarios para “completar” la obra de Cristo. Y quizás, la tentación de Pablo sería la de querer suavizar el evangelio para ganarse el favor de los gentiles. Es en este contexto que Pablo pronuncia las palabras de este versículo, haciendo un contraste entre buscar el favor de los hombres o el favor de Dios. Pero algunos dirían que ganarse el favor de los hombres es una buena forma de alcanzarlos con el Evangelio, ¿no es el Evangelio las buenas noticias de la salvación por medio de la gracia de Cristo? Sin embargo, Pablo llega a decir: Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo. Estas palabras debieran llevarnos a reflexionar en una idea: a pesar de ser las buenas nuevas de salvación, el Evangelio es desagradable para el hombre natural. Pero, ¿es esa razón suficiente para cambiar la predicación del Evangelio de Cristo?, la respuesta es un NO categórico.
El problema de aceptación del mensaje del Evangelio en el mundo moderno no está en el mensaje. Toda religión pseudo cristiana añade algo al mensaje de Cristo: el catolicismo romano añade obras, el adventismo la observancia del sábado y un juicio investigador, el mormonismo y los testigos de Jehová añaden nuevas revelaciones y así podríamos seguir. Pero muchos predicadores “evangélicos” de los que esperaríamos una predicación fiel omiten las verdades acerca del pecado y la condenación eterna por considerarlas innecesarias en la predicación del Evangelio porque producen rechazo en el contexto actual. El mensaje del Evangelio no es mejorable. En Gálatas 1:6-8 Pablo reprende a los creyentes de la iglesia en Galacia porque habían caído en la trampa de quienes pretendieron añadir obras al Evangelio de la gracia de Cristo, pero el argumento de Pablo es claro, el mensaje de Cristo no tiene su origen en ningún hombre (Gal. 6:11-12) es el mensaje de Cristo mismo, ningún hombre debería ni siquiera plantearse que podría optimizar su mensaje mediante adiciones u omisiones, algo que es demasiado común en nuestros días al igual que en aquellos días.
Por otro lado, dado que el mensaje que predicamos, el Evangelio de Cristo, no es mejorable, tampoco es negociable. Pablo advierte con contundencia, si alguno trae un evangelio diferente (que no es más que una distorsión del verdadero Evangelio) sea maldito (Gálatas 1:8-9). Así de grave es intentar adaptar el mensaje del Evangelio a los tiempos o las culturas. Podemos adaptar el lenguaje, el método, pero nunca el mensaje. Lo interesante de esta advertencia de Pablo es que no se está poniendo a sí mismo como el garante de la autenticidad del Evangelio (Gálatas 1:8), es su origen en Cristo el que hace a este mensaje verdadero, único e innegociable.
El rechazo del Evangelio no es algo actual, es la respuesta común del hombre natural porque para él el Evangelio de Cristo es desagradable. El Evangelio de Cristo señala nuestro pecado y nuestra responsabilidad la cual nos lleva a la condenación eterna (Romanos 1:18; 3:9-18) y a nadie le gusta sentirse culpable. El Evangelio evidencia nuestra total incapacidad para lograr nuestra salvación y el perdón de nuestros pecados (Efesios 2:1; Efesios 2:8-9) y a nadie le gusta sentirse inútil. El Evangelio es contracultural, pero siempre lo ha sido, por eso Pablo afirma a los corintios que es una locura a los que se pierden (1ªCorintios 1:18).
Predicar el Evangelio de Cristo y buscar el favor de los hombres son ideas excluyentes. Somos llamados a predicar el Evangelio de Cristo tal como lo hemos recibido. Este mensaje no es mejorable, no es negociable, no es agradable a los hombres, pero es suficiente, es efectivo, es todo lo que uno necesita para poder tener una relación con Cristo. Por medio del Evangelio somos salvos, recibimos vida eterna, somos aceptos delante de Dios y disfrutaremos de la gloria con Cristo. Por esto debemos seguir predicando el Evangelio que recibimos de Cristo, una predicación que trasciende a la cultura y a las modas, el único mensaje que es poder de Dios para salvación de todo aquel que cree (Romanos 1:16).
