Puede ser que ningún discípulo haya recibido mayor elogio que Pedro y Juan cuando comparecieron ante el concilio en Jerusalén. Al escuchar las palabras y observar las acciones de los apóstoles en esa breve confrontación, sus acusadores llegaron a una conclusión realmente reveladora: “reconocieron que ellos habían estado con Jesús” (Hechos 4:13). Cuando otros observan tus palabras y acciones, ¿pueden reconocer esto en tu vida también?

Al observar la Iglesia hoy, muchos ministros se podrían reconocer por muchas cualidades notables: «Es un teólogo brillante, la créme de la créme«.  «Tiene carisma y elocuencia». «Es un buen líder y sabe cómo hacer crecer un ministerio»…  Muchos ministros se reconocen por estas (y otras) características importantes. Pero con demasiada frecuencia lo que no se puede reconocer es que ese hombre ha estado con Jesucristo y es un discípulo Suyo. Para el discípulo de Cristo puede ser que no exista peor crítica que esta. Y si queremos evitarla, debemos prestar atención a lo qué hizo esa realidad tan evidente en Pedro y Juan que aun los enemigos de la cruz pudieron verla con toda claridad. ¿Qué es lo que les marcaba como discípulos de Cristo?

  1. Un discípulo de Jesucristo proclama a su Señor con confianza

Hechos 4:13 declara lo primero que el concilio notó en los apóstoles: “Al ver la confianza de Pedro y de Juan…se maravillaban y reconocieron que ellos habían estado con Jesús” (Hechos 4:13). Notaron su confianza. Sin embargo, son muchos los hombres que tienen confianza, pero lo que distinguió a Pedro y Juan como discípulos de Jesucristo fue su confianza al hablar de Jesús.

Sin duda, esta confianza fue obra del Espíritu Santo (4:8) que convirtió a esos hombres temerosos en valientes embajadores de Cristo (4:10-12). Confrontaron directamente el pecado de los líderes judíos, acusándolos como los asesinos de Jesús (4:10). Declararon la resurrección de Jesús, afirmando que fue Su poder lo que sanó al hombre cojo (4:10). Demostraron que en Jesús se hallaba el cumplimiento de las Escrituras (4:11), Y proclamaron la exclusividad de Jesucristo como la única fuente de salvación (4:12).

¿Qué marcó a estos dos hombres como discípulos de Cristo? Proclamaron a Cristo con valentía, promoviendo el Nombre y la causa de Cristo. Hablaron como hombres convencidos del señorío del Señor Jesucristo resucitado (3:19-26), y llamaron a otros a ser discípulos de Jesucristo también. Resultaba evidente que eran discípulos de Jesucristo porque su mensaje y su motivo fue Jesucristo.

¿Es este tu caso también? ¿Es la Persona y obra de Cristo tan central en tu ministerio y predicación que salta a la vista  que eres Su discípulo? ¿O eres más conocido por tu celo por cierta postura doctrinal o actividad social? ¿Hablas con valentía de Cristo sin importar el precio a pagar? ¿O ante oposición suavizas el mensaje del señorío total de Jesús?

El discípulo de Jesucristo se reconoce inmediatamente por su prioridad patente: proclama a Cristo con valentía.

2. Un discípulo de Jesucristo rehúsa promoverse a sí mismo

La otra cara de la moneda es que un discípulo –que por definición es uno que sigue a otro–  evita promoverse a sí mismo. Resultaba muy obvio que Pedro y Juan eran discípulos verdaderos de Jesucristo, no solo por cómo proclamaron a Cristo, sino también por cómo rehusaron promoverse a sí mismos.

Rehusaron promoverse a sí mismos al no buscar suplantar a su Maestro. En aquel tiempo, era común que a la muerte de un maestro el discípulo más destacado tomara su lugar. Cuando las multitudes se acercaron asombradas a Pedro y Juan tras el milagro (3:9-11), habría sido el momento perfecto para esa promoción. Sin embargo, como testigos de la resurrección, Pedro y Juan entendían lo que todo verdadero discípulo de Cristo sabe: nunca ocupamos el lugar del Señor porque Él vive y reina. No se produce una “ascenso” cuando dejamos de ser discípulos. Nunca dejamos de aprender, seguir, y promover a nuestro Señor, porque Él vive para siempre.

En la Iglesia hoy, muchos han olvidado que el Cristo resucitado sigue siendo el Maestro. En lugar de promoverle a Él como discípulos Suyos, esas personas buscan atraer discípulos para sí mismos. Quizás no abiertamente, pero sí de manera sutil, por sus acciones y palabras. Pero un verdadero discípulo de Jesús rehúsa ocupar el lugar que solo le pertenece al Señor.

Cuando Pedro y Juan comparecieron ante el concilio y hablaron de Cristo con valentía , no atrajeron esa atención a sí mismo. Al contrario. Los líderes religiosos se dieron cuenta de que “eran hombres sin letras y sin preparación, y se maravillaban” (4:13). Lo que se destacó ese día no fueron las habilidades de estos hombres, sino su mensaje. Porque, como el apóstol Pablo, ellos no trataban de “vestir” el mensaje con elocuencia y sabiduría humana para que no se hiciera vana la cruz de Cristo (1 Corintios 1:17-2:5). Fueron reconocidos inmediatamente como discípulos de Jesucristo porque ministraron y predicaron de tal manera que el enfoque único fue Cristo, y no ellos. Con frecuencia hacemos lo opuesto. En lugar de dirigir la vista de otros exclusivamente a Cristo, intentamos atraer algo de gloria para nosotros. Y podemos terminar por promovernos a nosotros, desplegando nuestras capacidades y dones con el fin y la actitud equivocada. Y si esto sucede, no debiera sorprendernos que otros no nos reconozcan como discípulos de Cristo.

¿Cómo evitar esta gran mancha? Sigue el ejemplo de Pedro y Juan y que sea evidente que te conduces como un discípulo de Jesucristo. Rehúsa promoverte a ti mismo y proclama a Cristo con valentía, buscando exaltarle a Él para que otros le sigan a Él. Que Él crezca, y que nosotros disminuyamos.

 

 

Joseph Grewe

Autor Joseph Grewe

Joseph Grewe tiene una Maestría en Divinidad por The Master’s Seminary y sirve al Señor en Redentor Madrid. Joseph está casado con Hannah y tienen 2 hijas.

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