«…haced esto en memoria de mí” (Lucas 22:19)
Hace unas semanas asistía con mi familia el culto de la tarde de una querida iglesia en Vallejo, California. Cada primer domingo de mes, esta congregación celebra con gran entusiasmo obediente esta conmemoración de la muerte de nuestro Señor Jesucristo. En un momento, durante el sermón, el hermano dijo algo que captó mi atención: “¡esta sala debería estar llena de personas que vienen a hacer memoria!”
Además de comprobar que, tanto en EEUU como en España, y muchos otros lugares, los servicios de la tarde están, trágicamente, en peligro de extinción, el hermano expresó una realidad bíblica que, quizá, también se encuentra en peligro de extinción: la realidad de hacer memoria. No voy a ser yo quien se ponga a analizar las razones por las cuales nuestra sociedad, con todo el avance tecnológico disponible, es la sociedad en la historia que menos tiempo pasa pensando. Si queremos recordar, vemos fotos o vídeos. Si no queremos olvidar, lo apuntamos en nuestros móviles, o ponemos una alarma. ¿Cuándo fue la última vez que memorizamos la lista de la compra? ¿Cuánto tiempo hemos pasado memorizando un versículo bíblico en el último mes?
Espero no ser malinterpretado, la tecnología es fantástica si se le da el uso correcto… pero considero que hacer memoria, es decir, traer a la mente hechos pasados, simplemente es algo que estamos olvidando hacer. Pero el pueblo de Dios es llamado a hacer, a traer a la memoria, y a hacerlo de muchas cosas, pero una de ellas destacamos hoy: el cuerpo y la sangre de Jesús. Me gustaría que observemos 2 aspectos de estas palabras de Jesús en Lucas.
- La ordenanza de Jesús
El Señor Jesús ordena a sus discípulos que, a partir de ese momento hagan esto. Es decir, tomar del pan y de la copa como la forma de recordarle a Él y el significado de su sacrificio en la cruz. Los discípulos obedecieron este mandato, y comenzaron a hacer “esto” continuamente. No hablo sólo de los 12 que estaban cenando con el Señor, sino que, a partir de ahí, todo discípulo de Jesús es llamado a obedecer el mandato de participar en la invitación del Señor de recordarle por medio del pan y del vino. Esto lo vemos en 2 textos:
- Semanas, meses, después, leemos en Hechos 2:42 que los nuevos creyentes: “se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración”.
- Unos 25 años después, encontramos a Pablo teniendo que reconducir, corregir a la iglesia en Corinto porque habían comenzado a tomar de los símbolos de manera errónea: “cuando os reunís, esto ya no es comer la cena del Señor,” Y les vuelve a explicar la razón original del mandato de Jesús, utilizando las mismas palabras: “haced esto cuantas veces la bebáis en memoria de mí”.
Así. Semanas después de las palabras de Jesús, este hacer memoria se continuaba haciendo. Veinticinco años después se continuaba haciendo. Y ¡2000 años de historia! nos muestran cómo a lo largo de los siglos, los discípulos de Jesús se han congregado alrededor de la mesa y obedecido el mandato del Señor de proclamar Su muerte. Por tanto, cuando participamos de este glorioso momento, nos estamos uniendo a millones de hermanos que han proclamado la muerte de nuestro Señor como obediencia a Su mandato dado aquella noche. ¿No es increíble? Generación tras generación, gente de toda nación, lengua, contexto social, Su Iglesia, nos hemos reunido como un pueblo redimido, recordando y proclamando la muerte de nuestro Señor … y lo seguiremos haciendo “hasta que Él venga”. Pero, ahondemos un segundo más en la frase “en memoria de mi”.
- El propósito de Jesús
La idea que tenemos nosotros de hacer memoria o recordar en el occidente del s. XXI es un poco distinta al sentido bíblico. Cuando nosotros recordamos algo del pasado lo que hacemos es “transportar mentalmente nuestro pensamiento a aquel momento”. Pero el término que se usa tanto en Lucas como en 1 Corintios para hacer memoria significa, en ese contexto, que los discípulos de Jesús no sólo reciben la instrucción de acordarse de que Jesús murió en la cruz por ellos, sino que, atención a esto, son ordenados a hacer presente este evento del pasado. Un evento cuyos efectos siguen siendo operativos hoy, y del que todos somos beneficiados y compartimos.
Jesús no muere otra vez, su sacrificio fue una vez y para siempre… pero el poder de ese sacrificio es tan actual en el presente como lo fue un segundo después. Somos llamados, por tanto, a recordar el sacrificio de nuestro Salvador de tal manera que, aunque sabemos que es algo que ocurrió en el pasado, sus efectos nos afectan hoy, en el presente. Esto es hacer memoria. El sacrificio de nuestro Señor es tan real hace 20 siglos como lo es hoy, y es tan real y ha de afectarnos tanto o más hoy que el día en que fuimos salvos. Como alguien dijo: “se trata de transportar la muerte del Señor que ocurrió en el pasado, al presente. Pero de tal manera que la potencia y la vitalidad de lo que aconteció tenga un gran efecto hoy en nuestro corazón.”
Por tanto, tú, discípulo de Jesucristo, la próxima vez que participes del pan y el vino, recuerda que, según Lucas 22:19, has sido llamado a traer a la memoria continuamente, recordando el sacrificio de nuestro Señor por tus pecados, de tal manera que esta realidad ocurrida en el pasado sea crecientemente vívida en el presente, hoy, ahora. De este modo, tu proclamación silenciosa de que “por su muerte has sido sanado” será más real si cabe. Ministrará a tus hermanos. Será de testimonio al inconverso… y traerá mayor gloria al que dio su cuerpo y su sangre por ti.