La tarea no es fácil, pero sí es deleitosa. Así concluimos un artículo anterior sobre la laboriosa pero dulce tarea de estudiar la Biblia. En esa ocasión consideramos algunas claves para el estudio de la Palabra de Dios. Ahora nos ocuparemos en cómo obtener lo máximo de la Escritura, porque además de “dulce más que miel”, esta es deseable “más que el oro” y “mucho oro afinado” (Sal 19:10).
La riqueza de la Palabra es sin igual. Su valor trasciende las épocas, y su vigencia permanece de generación en generación. Su enseñanza es mejor que la plata y su sabiduría supera las piedras preciosas (Pr 8:10). Así que obtener de ella es enriquecerse con el tesoro más preciado que jamás hayas vislumbrado. ¿Quieres ser rico? Te presento la mejor guía para enriquecerte.
1. Observa atentamente
La observación es esencial en el proceso de entender las palabras de un texto. Sin embargo, es el paso más descuidado de todos. Deseamos aplicar el texto rápidamente a nuestras vidas, pero no estamos dispuestos a invertir tiempo leyéndolo una y otra vez con atención. Si queremos obtener lo máximo de la Palabra de Dios, necesitamos comenzar observándola con atención.
La observación responde a la pregunta ¿qué dice el texto? En este punto no nos interesa saber qué significa el texto, sino qué dicen sus palabras. Cuando corremos a la interpretación, dejamos atrás aspectos que son determinantes para entender el significado correcto. Por tanto, en primer lugar, se requiere que observemos cuidadosamente cada detalle examinando las repeticiones, los contrastes y las comparaciones.
Además, las observaciones del texto deben ser progresivas. Cada palabra forma parte de una oración, y las oraciones construyen los párrafos. Así que es fundamental detectar el verbo de cada oración y considerar cómo se realiza la acción. Para ello ayudan mucho las preguntas comunes ¿quién? ¿qué? ¿cuándo? ¿cómo? ¿dónde? Una pregunta puede llevar a otra y así sucesivamente. Algunas se responden y otras quedan en el aire para la investigación.
Finalmente, debemos comprender que la observación es una habilidad y una disciplina que se ejercita con la práctica. Puede resultar complejo al principio, pero a medida que se persiste en leer y releer el pasaje, el esfuerzo y la diligencia contribuyen a un entendimiento preciso del texto.
2. Interpreta correctamente
Uno de los mayores ataques contra la Biblia está en considerar que un texto pueda tener más de un significado dependiendo del lector y sus circunstancias. Esta idea popular de la época actual conduce a la destrucción del significado. Como expresó el teólogo puritano William Ames, si uno niega la unicidad de significado, el significado de las Escrituras no solo sería confuso e incierto, sino que no tendría ningún significado, porque algo que no signifique una cosa, en verdad no significa nada.[1]
Por tanto, nuestra responsabilidad como lectores de la Biblia está en determinar cuál es la intención del autor original. Es decir, debemos “encontrar el significado que los autores de las Escrituras intentaron transmitir y el significado comprendido por los receptores”.[2] Porque “un texto no puede significar lo que nunca significó. El verdadero significado del texto bíblico para nosotros es lo que Dios se propuso originalmente que significara cuando se expresó por primera vez”.[3] Así que, cada pasaje de la Biblia tiene un solo significado correcto el cual debemos obtener para entender lo que Dios quiso decirnos.
3. Aplica completamente
El paso final para enriquecerte plenamente es la aplicación de la verdad de Dios a tu propia vida. “La aplicación consiste en abrir tu alma para que la luz de Dios pueda brillar en cada rincón, exponiendo la oscuridad y revelando las áreas que necesitan ser atendidas”.[4] Esta etapa del proceso es muchas veces ignorada y también distorsionada. Esto último sucede cuando llegamos a este punto sin haber obtenido una interpretación correcta del pasaje, bien por descuido o por pereza. En otras ocasiones, caemos en el error de pensar que cualquier aplicación es legítima. Y aunque un texto puede tener múltiples aplicaciones, sólo la correcta interpretación es la base adecuada para las verdaderas aplicaciones.
Aplicar la enseñanza bíblica a nuestra vida requiere disciplina y obediencia. No es suficiente con entender correctamente la Palabra. Necesitamos ser confrontados con la verdad de Dios y responder de acuerdo con su enseñanza mediante la ayuda del Espíritu Santo. Necesitamos meditar la Palabra, después de haberla entendido, y orar para obedecerla. Como dijo Johann A. Bengel, “Aplíquese completamente al estudio del texto y aplique el texto completamente a su vida”.[5] Entonces seremos verdaderamente enriquecidos.
Conclusión
El valor de la Palabra de Dios es inmensurable y sus tesoros sobreabundan eternamente. Pero no cualquier llave es válida para abrir y recibir de su riqueza. Solo los pasos adecuados nos guían para obtener lo máximo de ella. Obsérvala atentamente. Dedica tiempo a leer y releer el texto examinando los detalles y preguntando al contexto. Interprétala correctamente. Indaga, estudia, e investiga cuál fue la intención del autor original al escribir. Y finalmente, aplícala completamente. Medita en ella con esfuerzo y obedece su enseñanza. ¿Quieres ser verdaderamente rico?
[1] “There is one meaning for every place in Scripture. Otherwise the meaning of scripture would not only be unclear and uncertain, but there would be no meaning at all–for anything which does not mean one thing surely means nothing.” (William Ames, 1629).
[2] Milton Terry, Hermenéutica Bíblica (Grand Rapids: Zondervan), 173.
[3] Gordon D. Fee y Douglas Stuart, La Lectura Eficaz de la Biblia (Miami, FL: Editorial Vida, 1985), 23.
[4] Traducido de Nate Pickowicz, How To Eat Your Bible (Moody Publishers, 2021), 101.
[5] Johann Albrecht Bengel, Gnomon of the New Testament.
