Un día a finales de los años 80 me encontraba trabajando con mi padre en su taller. De repente un coche paró delante, lo recuerdo vívidamente, un Renault 12 blanco. El conductor, muy agitado, nos preguntó:

“¿Han visto ustedes a mi hijo? Tiene 18 años y no se ha presentado a filas. Le han declarado prófugo del servicio militar”.

Ese día aprendí varias cosas: que a aquel joven le iba a caer una buena cuando le encontrara su padre. Que en aquella época el ejército llamaba a los hombres a hacer el servicio militar obligatorio (“la mili”). Y también qué significaba la palabra “prófugo”. En Hechos 13:1-3 encontramos también un llamado “a filas”, pero un llamado a filas espiritual. Y los jóvenes de los que nos habla Lucas no serán prófugos, no evitarán sus responsabilidades, ¡todo lo contrario! Hechos 13 supone la tercera etapa de mandato misionero de Jesús. Los discípulos ya han proclamado el Evangelio en Jerusalén (cap. 1-7); en Judea y Samaria (cap. 8-12); y ahora comienzan a proclamarlo “hasta lo último de la tierra”.  Ahora bien, ¿qué iglesias locales va a responder a tal llamado a filas?

Una Iglesia Preparada

La iglesia en Antioquía, donde se desarrolla este episodio, era un centro de avivamiento y crecimiento espiritual. Hechos 11:19-26 nos cuenta cómo esta congregación nació a pesar de la persecución, y creció exponencialmente bajo la enseñanza de líderes como Bernabé y Saulo, enviados desde la “iglesia madre” en Jerusalén. Así, una iglesia madura (Jerusalén), envía a sus mejores hombres a Antioquía a enseñarles durante 1 año. ¿Cuál es el fruto?

V.1: “En la iglesia que estaba en Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simón llamado Niger, Lucio de Cirene, Manaén, que se había criado con Herodes el tetrarca, y Saulo”.

Lucas confirma que el Espíritu dio dones a la iglesia para su edificación. En Antioquía había profetas y maestros y, a través de ellos, Dios fortalecía a los creyentes y los preparaba para la misión. El crecimiento de una iglesia usada por Dios no viene dada por números, sino por madurez espiritual. Este es un recordatorio para cada creyente: Dios ha dado dones para ser puestos en acción bajo el amparo de la iglesia local, v.2: “mientras ministraban”. Ellos estaban preparados y ya ejercían su ministerio en su iglesia local. Y es en ese contexto de constante crecimiento, de servicio y de piedad (“ayunaban”), que el Espíritu dirige y lleva a cabo Su misión, v.2b: “apartadme a Bernabé y a Saulo para [salir a filas]”.

Dios Espíritu Santo llama a dos de los mejores hombres a la obra de proclamar el Evangelio de Jesucristo al mundo. Está llamando a esta joven, pero preparada iglesia, a ser un referente misionero. En otras palabras, el llamado al servicio procede de Dios, no de los hombres. La iglesia no seleccionó a estos hombres. Dios lo hizo. El Espíritu es soberano sobre una iglesia que se prepara. Es Dios quien escogió de esta iglesia preparada a dos hombres preparados que iban a llevar a cabo la especial tarea de proclamar las Buenas Nuevas. El Espíritu trabaja en la iglesia por medio de la ejercitación de los dones que da la iglesia. Y el Espíritu trae crecimiento a la iglesia local por medio de la enseñanza de Su Palabra. No hay otro método. ¿Quieres formar parte de una iglesia usada poderosamente por Dios? Recuerda, una iglesia que no crece, difícilmente será usada por el Espíritu de Dios. Por tanto, crece. Crece poniendo en acción tus dones. Crece sentándote bajo la enseñanza fiel de la Palabra de Dios. No huyas de tu responsabilidad. Crece y serás usado para Su gloria.

Una Iglesia Obediente

Quizá aquel joven estaba preparado físicamente para el servicio militar, pero, ¡definitivamente no estaba siendo obediente! El v.3 dice que, “después de ayunar, orar y haber impuesto las manos sobre ellos, los enviaron”. Esta iglesia, 1) ayunó; 2) oró; 3) impuso las manos sobre ellos… Esta iglesia madura se esforzó por discernir el mensaje del Espíritu, probablemente de un profeta. ¡Qué gran ejemplo de prudencia! Aun viendo a hombres preparados y capaces, una iglesia madura ¡va a asegurarse de cumplir la voluntad de Dios! Lo hicieron orando y ayunando para, finalmente imponer las manos. Esto simbolizaba una plena identificación con los dos enviados. Un misionero verdadero no surge de ningún seminario ni de ninguna misión, sino que viene de y responde a su iglesia local… ¡cuidado con aquellos “misioneros” que no rinden cuentas a ninguna iglesia! Gracias a Dios por organizaciones misioneras, pero la prioridad y el énfasis bíblico está en la iglesia local. Así, bajo la dirección divina:

La iglesia prepara.

La iglesia identifica.

La iglesia confirma.

La iglesia envía.

No toda la iglesia puede salir a la obra misionera, pero sí que ha de asegurarse de que aquel al que envía, va a ser el heraldo de su iglesia, una iglesia madura. Es duro. Es duro dejar ir a los mejores. A aquellos que ya están siendo de bendición. Es duro irse. Dejar a tu familia, amigos, modo de vida y familia espiritual. Pero es un pequeño “precio a pagar” por responder a la dirección de Dios. Por ser usados por Dios. Antioquía estaba preparada. Antioquía estaba dispuesta a pagar el precio y soltar a estos hombres, sus hombres. Gente “de la casa”. Y esta iglesia obedeció el mandato del Espíritu de crecer en la Palabra, de tomar decisiones maduras, de enviarles a la obra que sería conocida como el “primer viaje misionero”.

No sé qué ocurrió con aquel padre buscando a su hijo prófugo. Espero que lo encontrase…  ¡y hoy sea capitán general! El punto es, ¿qué vas a hacer tú? ¿Vas acaso a huir de tu responsabilidad? ¿A ausentarte cuando el Señor te llama? ¡A la tarea que sea! Puede ser la misión en el futuro como este texto enfatiza. ¡Amén! Pero puede ser limpiando baños. Puede ser hospedando. Puede ser haciendo tus deberes de los estudios bíblicos que tu iglesia te ofrece. O con la música. O evangelizando. O definitivamente, orando. La cuestión es, ¿vas a ser usado por el Espíritu Santo? Recuerda, ¡No es una opción! ¡No “profugues”! No resistas, no eludas tu responsabilidad. No desobedezcas. Prepárate y obedece al Señor en la iglesia donde Él te ha puesto soberanamente, y lleva a cabo su obra. Para Su gloria.

Pd. Prófugo: joven que huye o se oculta para evitar su responsabilidad de cumplir el servicio militar.