Como cristiano, usted sabe que sin el obrar del Espíritu Santo es imposible entender las Escrituras, su significado y sus misterios. Sin embargo, como cristiano también debe asumir que para madurar en el conocimiento y en la comprensión del Evangelio necesita que la información sobrepase su entendimiento e inunde su mente y su corazón. Y para que esto sea posible, deberá involucrarse: si realmente quiere entender un sermón expositivo deberá ser un oyente expositivo.

No basta con congregarse cada semana. Si se acerca a cada servicio debe involucrarse con el texto y estar preparado para recibir las verdades. Debe traer su Biblia y leer los textos, pero debe meterse de cabeza, de corazón y de cuerpo entero porque la Palabra de Dios, puede y debe cautivar toda su atención. No puede olvidar que tiene delante de sus ojos y en sus manos lo que Dios ha dicho.  Y eso, es muy, muy importante: son sus palabras. Su deber es estar involucrado en lo que Él dice.

Y este es el punto de partida para acercarse de la manera correcta a nuestro Señor: Involucrarse por completo. De lo contrario, no será más que un oidor de enseñanzas y conocimientos. No será nada distinto al fariseo de nombre Nicodemo que en Juan 3 buscó a Jesucristo para que el maestro le enseñara lo que debía hacer, sin involucrar para nada el arrepentimiento.

Nicodemo era un hombre que había sido criado en un ambiente religioso, como muchas otras personas en la actualidad, y como muchas otras personas de su tiempo, Nicodemo había observaron a Jesús hacer milagros. Por eso, se dio cuenta de que debía ir a hablar con él y buscó una entrevista.

Nicodemo se acercó a nuestro Señor como quien se acerca a un maestro —se dirige a él como Rabí—no como quien se acerca al Salvador del mundo y eso no está bien. ¿Por qué?, porque él era un hombre del tipo religioso. Y eso trae varios peligros.

Asumir

Muchas personas asumen que algo es de una manera o se va a desarrollar de cierta forma y esto suele llevarlos a meterse en problemas. Y eso le pasó a Nicodemo. Él actúa como uno que supone algo: piensa que Jesús es solo un maestro y como religioso asume que está en lo correcto. El gran peligro de asumir es asegurar que se está en lo correcto. El ejemplo más claro es creer que se es cristiano cuando no es así.

Cambiar el orden, querer crecer sin haber nacido

No hay mayor peligro que buscar la santificación antes de la justificación. Y es que desafortunadamente, es posible vivir asumiendo que se hace parte del Reino de Dios cuando todavía la puerta está cerrada. Buscar la santificación sin antes saber absolutamente nada sobre la regeneración es como tratar de desarrollarse, de crecer, sin tener vida. Es por esta razón que, en su conversación con Nicodemo, nuestro Señor ni siquiera lo deja avanzar. Antes de que Nicodemo le pida una lista de cosas extra que debe hacer para ser santificado, Jesús lo para en seco. Le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”. 

Nicodemo es una persona religiosa y, como muchos, ha vivido toda la religión desde siempre lleno de cosas por hacer sin tener lo primero y fundamental: el nuevo nacimiento.

Aplicar las verdades sin ser uno de la verdad

Este es el peligro de estar preocupado por la aplicación de la verdad cristiana antes de que haya vida cristiana. El mundo está lleno de espiritualidad que muchos confunden con la verdad. El misticismo es una experiencia espiritual profunda y directa que busca la unión o comunión con lo divino o lo trascendental y puede ser practicado tanto fuera de la religión institucionalizada como por diferentes tradiciones religiosas: el islam, el hinduismo o el budismo y el judaísmo.

Inclusive, el misticismo también puede ser practicado por algunos cristianos, que buscan la santificación, pero no saben nada acerca de la justificación. Y, a la vez, están asumiendo que tienen una relación correcta con Dios. Están tratando de desarrollar su vida cristiana.

Acaso, ¿no fue este el problema con Martín Lutero antes de que esa gran crisis tuviera lugar en su vida? Él, aunque no estaba satisfecho, estaba asumiendo que estaba en una correcta relación con Dios. Pero, de repente, sus ojos fueron abiertos a la gran verdad de vivir por fe. Su gran problema era que, aunque todavía no había sido justificado, ya estaba concentrando en el camino a la santificación. Todo estaba mal. No hay comienzo en la vida cristiana hasta y a menos que se llegue a ese punto.

Pensar que el predicador o el mensajero es el salvador

La predicación del Evangelio es solo un instrumento que Dios usa para que el Espíritu Santo obre. El ministro prepara correctamente su sermón para que tenga un orden, tiene lógica y un buen desarrollo. El peligro, por supuesto, es pensar que es eso lo que va a hacer el trabajo de regeneración.

Y aquí está una de las cosas más maravillosas de la predicación y de todo el oficio pastoral: toda esa preparación no es más que un andamio, la obra total es hecha por el Espíritu Santo. Al desconocerlo, ocurre lo que le ocurrió a Nicodemo, quien se acercó a Jesús como predicador, pero no como el salvador del mundo.

Basar todo en argumentos, poner la decisión en el lugar de la regeneración

Nicodemo tenía la idea de que Jesús tenía algún conocimiento extra y que por esto le llama Rabí y quiere que le enseñe lo nuevo. Tenga cuidado, no sea que mientras usted se enfoca en adquirir el conocimiento, se esté perdiendo algo del Espíritu mismo. El Espíritu es más importante que el conocimiento.

Es posible tener un gran conocimiento de la Biblia y que esto lo convierta realmente en un experto. Pero esto no garantiza que usted conozca el significado o haya visto su enseñanza. Hay personas que tienen un conocimiento casi perfecto de las palabras de la Escritura, pero nunca han entendido el mensaje. Y por eso, suelen decidir en acción, pero no en regeneración.

Es decir, se puede decidir por el cristianismo. Nicodemo lo hizo. Él se reunió una noche, por decisión propia con Jesús, a él nadie lo obligó. Y muchas personas pueden, de la misma manera, decidir entrar en lo que consideran cristianismo: están convencidos intelectualmente, deciden ir por ello, cambian su forma de vida, se unen a esta sociedad de personas que están interesadas en esto y se convierten en uno de ellos. Sin embargo, no ha habido ninguna operación vital en el alma. No hay semilla de una nueva vida colocada en esa persona.

Este es el caso de lo que ocurre en algunas predicaciones muy concurridas, muchas personas acuden al llamado, hacen la oración de fe y se suponen cristianos sin serlo. El mismo Billy Graham, quien hacía grandes reuniones en las que las personas ‘optaban por Cristo’, dijo un día que no creería que más del 5% de esas personas hubiera recibido la salvación. Entonces,¿ qué pasa con el 95 por ciento de personas restante, que parecen estar convertidas, son activas y se vuelven celosas en la causa? Pues una vez dejan el ambiente cristiano y salen al mundo y trabajan con otros tipos de personas, no solo dejan de practicar lo que han estado haciendo antes. Además, niegan todo lo que creían, paran, lo desprecian y lo ridiculizan. No solo lo abandonan, se vuelven antagónicos al mensaje.

Obrar para ganar

Muchos toman los cultos como un lugar para hacer cosas, como un lugar para ejercer la filantropía. Dicen que creen y se convierten en grandes obreros de la iglesia. Pero eso no prueba necesariamente que sean verdaderamente cristianos. Es posible estar en la misma posición de Nicodemo y pensar, como él, que el ser líder o servir en la iglesia les garantiza un lugar en el Reino. Probablemente confían en aquella decisión que alguna vez tomaron.

Hay incluso quienes consideran el cristianismo es algo que se puede enseñar y que, por lo tanto, otros lo pueden aplicar. Reconocen la verdad de algunos principios y luego tratan de ponerlos en práctica y persuadir a otros para que se unan. De esta forma, por ejemplo, intentan que los miembros de un gobierno apliquen los principios cristianos y olvidan que esos miembros del gobierno no son cristianos y por lo tanto no pueden actuar de una manera cristiana.

No lo intente ni con los otros ni con usted. Antes de poder vivir la vida cristiana, se debe ser cristiano. La regeneración es un regalo. Y entenderlo así evita gran parte de los problemas. En palabras de nuestro Señor y Salvador: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3: 6)

Fernando Jaimes

Autor Fernando Jaimes

Actualmente sirve como pastor en la iglesia Comunidad de Gracia en Bogotá y es director y profesor del Seminario de Expositores Colombia. es graduado de The Master's Seminary con un M.Div. un Th.M. y está cursando un D.Min. Él y su esposa, Julia, tienen dos hijos.

Más artículos de Fernando Jaimes