Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas – Filipenses 3:20-21

Si tratamos de resumirlo en una sola palabra, la perspectiva del ciudadano celestial es la glorificación. La glorificación es esa etapa final en el proceso de redención en la cual Cristo resucita los cuerpos de todo creyente de entre los muertos, reúne esos cuerpos con sus almas e instantáneamente cambia los cuerpos de aquellos creyentes que se encuentren vivos en cuerpos libres de pecado, perfectos, tal como el suyo cuando resucito de entre los muertos.

«El cuerpo de la humillación»

Diferentes traducciones toman estas palabras de distintas formas, por ejemplo: «el cuerpo de nuestro estado de humillación» (LBLA) o «nuestro cuerpo miserable» (NVI). Cuando comparemos estas traducciones debemos entender que Pablo no tiene la intención de degradar el cuerpo de ninguna manera, como si el cuerpo físico fuese malo en sí mismo. Tal idea no es bíblica, pues proviene de enseñanzas paganas y de filosofías erróneas (recuerda que Adán y Eva fueron creados a la perfección, a imagen y semejanza de Dios, como una entidad compuesta de un cuerpo y un alma).

Por lo tanto, «el cuerpo de la humillación» no tiene nada que ver con una maldad inherente del cuerpo físico. Se refiere, mas bien, a nuestros cuerpos que actualmente están marcados por la humillación causada por el pecado, caracterizados por debilidad, decadencia física, indignidad, enfermedad, sufrimiento y humillación mental. El cuerpo, aunque no intrínsecamente pecaminoso en sí mismo, a menudo es el instrumento de nuestros actos pecaminosos y el vehículo a través del cual buscamos satisfacer nuestros deseos pecaminosos.

Cuando entendemos que estamos llamados a estar apartados y nuestros cuerpos consagrados como el templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19) y, al mismo tiempo, vemos como presentamos nuestros cuerpos como instrumentos de iniquidad (Romanos 6:13), nos damos cuenta que en realidad estamos lidiando con un «cuerpo de la humillación”. Ciertamente en este cuerpo gemimos (2 Corintios 5:2; cp. Romanos 8:23) y nos unimos al apóstol Pablo en decir: «¿quién me librará de este cuerpo de mal?» (Romanos 7:24).

¿Cómo serán nuestros cuerpos glorificados?

En 1 Corintios 15, Pablo defiende la resurrección corporal, pues ciertas personas en Corinto lo negaban. Hacia el final del capítulo, nos da una idea de la naturaleza de nuestros cuerpos glorificados después de la resurrección al contrastarlos con nuestros cuerpos mortales.

a) Imperecedero

1 Corintios 15:42 nos dice: «Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción”. Nuestros cuerpos resucitados no estarán sujetos a la corrupción y la decadencia que nuestros cuerpos actuales están sujetos. No envejecerán, ni se terminarán ni sufrirá enfermedades o dolencias. La Biblia nos enseña que el estado eterno de nuestros cuerpos jamas mostrará señales de envejecimiento pero, como Wayne Grudem lo explica así: «va a tener características juveniles pero completa madurez masculina o femenina para siempre» (Teología Sistemática, 832).

b) Glorioso (1 Corintios 15:43): «Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder”.  Es difícil entender todas las implicaciones de lo que significa que un cuerpo sea glorioso. Yo me imagino que serán cuerpos atractivos y completamente libres de vergüenza. ¿Por qué? Porque 1 Corintios 12:23 habla de los miembros de nuestro cuerpo que nos parecen «menos dignos», o, como lo dice 1 Cor 15:43, «deshonra» (ambos utilizan la misma palabra en el original). Por lo tanto, ya que nuestros cuerpos resucitados no serán caracterizados por alguna tipo de deshonra, cualquiera que sea el significado de «deshonra» no estará presente en nuestros cuerpos después de la resurrección, pues cada miembro será glorioso.

c) Fuerte y Poderoso (1 Corintios 15:43): «se siembra en debilidad, resucitará en poder.» Nosotros estamos conscientes de las limitaciones físicas de nuestro cuerpo, ¿no es así? Sabemos lo que es ser débil. Pero no será así en nuestros cuerpos glorificados.

Ahora bien, no está diciendo que todos vamos a ser versiones cristianas de algún superhéroe, como los Increíbles, o Hulk o Ironman. Lo que está diciendo es que nuestros cuerpos glorificados tendrán toda la fuerza y el poder que Dios le otorgó a los seres humanos cuando los hizo perfectos y sin pecado. Wayne Grudem comenta: «Tendremos, por lo tanto, la fuerza necesaria para hacer todo lo que deseemos hacer en conformidad con la voluntad de Dios» (Teología Sistemática, 832).

d) Espiritual (1 Corintios 15:44) «Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual”. La palabra «espiritual» en este versículo no quiere decir algo que no es físico, pues sabemos que nuestros cuerpos glorificados serán cuerpos físicos, tal como lo dice Filipenses 3:21 cuando menciona que serán transformados en conformidad con el cuerpo de la gloria suya (de Cristo). Y sabemos también que Jesús tenía un cuerpo físico después de la resurrección… ¡espíritus sin cuerpo no tienen estómagos o sistemas digestivos para comer pescado! (Lucas 24:39-43), sólo cuerpos físicos pueden hacer esto. Cuando Jesús resucitó de entre los muertos lo hizo en su propio cuerpo, y lo mismo ocurrirá con nosotros (1 Corintios 15:20-23).

La intención de Pablo al decir que nuestro cuerpo va a ser espiritual es que será un cuerpo físico, sometido plenamente y en perfecta armonía con el Espíritu Santo. ¡Imagine! Tendremos un corazón sin distracciones y sin tentaciones de deseos engañosos y pecaminosos. Tendremos ambiciones santas y aspiraciones verdaderamente piadosas. Tendremos la habilidad de llevar acabo todas estas cosas sin distracciones o fatiga alguna, y podremos disfrutar las bondades de la creación física tal como Dios en un principio diseñó el mundo para que lo disfrutáramos!

Querido lector, si esa perspectiva de cómo serán nuestros cuerpos glorificados no te conduce a adorar y si no te hace desear aún más el regreso de nuestro gran Salvador, entonces no entiendes lo que Pablo quiso enseñar en 1 Corintios 15. Indiscutiblemente, si tu alma ha sido hecha viva por vida divina, guiada por el Espíritu Santo a odiar el pecado y anhelar el día en que esté completamente apartado de todo pecado y tentación, entonces el saber más acerca de nuestro glorioso futuro debería impulsar tu corazón a adorar y crecer en piedad y santidad.


Este artículo fue originalmente publicado en inglés aquí 

Mike Riccardi

Autor Mike Riccardi

Pastor de evangelismo en Grace Community Church y profesor en The Master’s Seminary (Los Ángeles, California)

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