¿Quién es un predicador fiel de la Palabra? ¿Se caracteriza por su popularidad? ¿Se identifica por atraer y reunir a multitudes en su congregación? ¿Por el número de libros que vende? ¿Por la cantidad de seguidores que aglutina en las redes sociales o por las invitaciones que recibe para predicar en otras iglesias o conferencias?
- El predicador fiel se caracteriza por sostener inquebrantablemente un concepto adecuado de la Palabra.
Lo que creemos acerca de la Palabra de Dios, y si lo creemos con plena convicción, no sólo va a delimitar nuestra predicación, sino también si va a estar basada exclusivamente en la Biblia.
El predicador fiel cree que la Palabra de Dios es inspirada, es decir, ha salido directa y exclusivamente de la boca de Dios (2 Timoteo 3:16-17). Además, sostiene que la Palabra de Dios es inerrante. En otras palabras, no contiene error alguno en sus escritos originales. Dios es verdad y, por lo tanto, su Palabra es verdad, sin fallo, al igual que su Emisor. Él ha prometido que la va a preservar así (Mateo 5:18). Asimismo, el expositor fiel afirma que la Palabra de Dios es infalible. Cree que no va a llevar, conducir, ni inducir al error cuando la proclama y la sigue. No se va a equivocar proclamando, ni obedeciendo las palabras de Dios (Juan 17:17). Igualmente, el heraldo fiel tiene la convicción plena de que la Biblia es suficiente, tanto para salvación como para santificación. Dios salva por su Palabra (1 Pedro 1:23) y santifica igualmente por medio de ella (1 Pedro 2:2). Además, el expositor fiel confía en la autoridad de la Palabra. Es la que tiene la primera y última palabra en todo. Él no es la autoridad, sino la Palabra que predica (Marcos 1:22, 27; 1 Timoteo 4:11).
El sostener inquebrantablemente un alto concepto de la Palabra no va a ser un paseo por el parque, ya que la mentira y el error son los métodos principales de Satanás para engañar a las personas. Éstos se infiltran sutilmente en las congregaciones e incluso en los púlpitos. Sin embargo, el llamado pastoral consiste en enseñar la sana doctrina, la Verdad, y refutar el error. Hemos de estar preparados y mentalizados “para pelear la buena batalla de la fe” (1 Timoteo 6:12). Esto es crucial para la salvación de las personas y el bienestar espiritual del rebaño. Es un requisito ineludible del siervo fiel (Tito 1:9), quien ha de estar alerta y advertido de la realidad de la batalla espiritual por la Verdad de Dios, por la que ha de pelear (Judas 3).
Cuando el expositor bíblico tiene la convicción plena e inamovible de que la Biblia es inspirada, inerrante, infalible, suficiente y autoritativa, ¿qué conllevará esto en la práctica? Peleará la buena batalla de la fe, priorizando inequívocamente la predicación expositiva, incluso si no estuviera de moda o no hubiera quién la quisiera escuchar (2 Timoteo 4:2-5).
- El predicador fiel se caracteriza por priorizar inequívocamente la predicación expositiva de la Palabra.
La primacía de la Palabra y la centralidad del púlpito es un requisito sine qua non de un predicador fiel. La suprema autoridad de las Escrituras demanda una visión elevada del púlpito, siendo éste prioritario en la vida de la Iglesia. Esta convicción nos ha de llevar a dar prioridad al ministerio de la Palabra, que ha de ser central y principal. «Lo que Dios tiene que decir al hombre es infinitamente más importante que lo que el hombre tiene que decir a Dios».[1] El objetivo del predicador fiel es que las personas que le escuchan quiten sus ojos de sí mismos, del mundo, incluso del predicador, y los pongan en Dios. Por lo tanto, un siervo que desea cumplir con su llamado divino y entiende que su prioridad es la predicación de la Palabra, ¿a qué otra cosa se va a dedicar? ¿Por qué cantos de sirena se va a dejar embaucar?
¿Dónde están esos hombres en la actualidad? ¿Cuántos encontraremos en los púlpitos de las iglesias actuales? En palabras de Matthew Poole, puritano del S.XVII: “Un hombre adecuadamente cualificado para esta gran y dura labor de declarar la mente de Dios, hay muy pocos, uno entre mil”. Uno de esos hombres fue el reformador Juan Calvino. Muchos le conocen por su prolífica obra escrita o por su teología, pero lo que no todos saben es que su verdadera prioridad fue la exposición bíblica, y de ahí surgió todo lo demás. Una de sus frases célebres resumen bien su prioridad: “Toda nuestra tarea se limita al ministerio de la Palabra de Dios, toda nuestra sabiduría al conocimiento de Su Palabra, toda nuestra elocuencia a su proclamación”[2].
¿Dónde están estos hombres? ¿Dónde están esos púlpitos? Parafraseando al príncipe de los predicadores, Charles Spurgeon: Queremos nuevos Luteros, Calvinos, Bunyans, Whitefields que sean el regalo de Cristo para Su Iglesia, a su debido tiempo. Que sus labios hayan sido tocados con carbones encendidos y sean poderosos instrumentos en manos del Espíritu. Entregados de continuo al ministerio de la Palabra (Hechos 6:4). “Procuremos con diligencia presentarnos a Dios aprobados, como obreros que no tienen de qué avergonzarse, que manejan con precisión la palabra de verdad.” (2 Timoteo 2:15)
¿Cómo identificar a un predicador fiel? ¿Cómo llegar a serlo? El predicador fiel no está de moda necesariamente, ni tampoco sigue la corriente actual. Ni siquiera lo identificarás por ser el que más éxito obtiene a los ojos de los hombres. El predicador fiel sostiene inquebrantablemente en alto la Palabra de Dios y prioriza inequívocamente la predicación expositiva de las Escrituras. «La iglesia siempre está buscando métodos mejores para alcanzar al mundo. Pero Dios busca hombres mejores que se entreguen por completo a su método bíblicamente ordenado para avanzar su Reino, es decir, la predicación; y no cualquier tipo de predicación, sino la predicación expositiva.»[3]
[1] John Calvin, Commentaries on the Epistles to Timothy, Titus and Philemon, trans. William Pringle (Grand Rapids, MI: Baker Books, 1979 reprint), 91.
[2] John Calvin, Institutes of the Christian Religion (1536 edition), trans. Ford Lewis Battles (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co., 1975), 195.
[3] Steve J. Lawson, The Expository Genius of John Calvin, (Lake Mary, FL: Reformation Trust, 2007), 18-19.