Es domingo. La semana ha sido larga y agotadora. Juan tiene demasiadas responsabilidades en su trabajo que le dejan poco tiempo para la familia. así que hoy saldrá con ellos de picnic. Para Manuel las cosas no van bien y la crisis ha afectado a su economía. Hoy ha decidido ganar un dinero extra con su trabajo. María pasa la semana ocupada con los niños y la casa, además del trabajo que tiene a tiempo parcial para pagar la hipoteca. Por lo que hoy lo tomará de descanso.

Todas estas personas ficticias han tomado decisiones legítimas para ocupar sanamente un día libre. Pero ¿es el domingo un día libre para el creyente? Es evidente que hay circunstancias especiales y puntuales, pero ¿es el domingo un día más? He aquí algunas reflexiones por las que he llegado al convencimiento bíblico de que el domingo es el día del Señor y que, como tal, es el día especialmente dedicado para congregarnos en nuestra iglesia local para adorar al Señor. 

  1. El Señor eligió el domingo

Jesús resucitó un domingo y se apareció a sus discípulos reunidos ese mismo día (Mat. 28:8-10, Jn. 20:13-19, Luc. 24:13-15).[1] Es interesante observar que Jesús se apareció a sus discípulos a lo largo de todo el domingo. No solo al inicio del día, sino también a la noche (Jn. 20:19). Aunque esto no indica que debamos celebrar un culto en la tarde, sí nos muestra la intencionalidad de Jesús en hacer especial ese día completo. También es notable que Jesús se apareció de nuevo a sus discípulos una semana después también en domingo (Jn. 20:26). El Señor eligió el domingo para aparecerse a sus discípulos reunidos.

  1. La iglesia se congregó el domingo

El comienzo de la iglesia sucedió en el día de Pentecostés cuando los discípulos estaban reunidos (Hch. 2:1) y este día era domingo.[2] Lo sabemos porque Pentecostés se celebraba cincuenta días después del sábado anterior a la fiesta de las primicias (Lev.23:16). De esta manera, el domingo adquirió una importancia sin igual para la iglesia. La resurrección de Cristo, la aparición a sus discípulos y el establecimiento de la iglesia marcaron el primer día de la semana como el día del Señor, y la iglesia comenzó a reunirse semanalmente este día para la adoración comunitaria (Hch. 20:7; 1 Cor. 16:2).

  1. Los apóstoles se refieren a este día como el día del Señor

Sobre el año 90 d.C. el apóstol Juan está desterrado en la isla llamada Patmos, en “el día del Señor”, cuando recibe la revelación de Jesucristo recogida en el libro de Apocalipsis (Apoc. 1:10). Juan se refiere a ese día como “el día del Señor”, el día que pertenece al Señor. Algunos entienden que Juan se refiere aquí al día del Señor escatológico, pero hay varias razones para pensar que se trata del primer día de la semana el cual la iglesia ya reconocía como el día del Señor.[3] Desde el tiempo de los apóstoles, la iglesia de Cristo ha separado el domingo como el día para congregarse para adorar a Dios como iglesia, como el pueblo que pertenece al Señor.

  1. La iglesia se refirió a este día como el día del Señor

Finalmente, la frase “el día del Señor” fue la terminología usada para referirse al domingo en otros escritos cristianos un tiempo después de que Juan escribiese Apocalipsis. Así, el día del Señor era la forma habitual para referirse al domingo hacia final del siglo II d.C. Plinio, oficial romano no cristiano, escribiendo al emperador romano Trajano en el año 112, se refiere al hecho de que los cristianos se reunían regularmente en el día señalado.[4] La Didaché, documento del siglo II, exhorta a los cristianos a congregarse en el día del Señor.[5] Ignacio de Antioquía, discípulo del apóstol Juan escribió, “este es el día del Señor, el día consagrado a la resurrección, el más importante de todos los días”.[6] Justino Mártir describe la asamblea regular en el primer día de la semana en la cual los cristianos se reunían para la lectura de la Escritura, la predicación, la oración y la recolección de ofrendas.[7] De esta manera, el domingo es reconocido como el día del Señor por la iglesia post-apostólica.

 Conclusión

El domingo fue el día establecido por nuestro Señor Jesucristo para que nos congreguemos para adorarle. Este día fue considerado el día del Señor y guardado por los apóstoles y la iglesia desde su inicio. Por tanto, como creyentes, miembros de la familia de Dios, debemos apartar ese día, el día del Señor, para la adoración corporativa como iglesia. ¿Qué harás este próximo domingo?

 


[1] Por los eventos de la crucifixión y la resurrección de Jesús consideramos que el primer día de la semana al que se refiere la Escritura es el domingo.

[2] Walter A. Elwell, ed., Evangelical Dictionary of Theology (Grand Rapids: Baker Book, 1984), 649.

[3] En primer lugar, el uso adjetival en griego de la frase “del Señor” solo aparece una vez más en el Nuevo Testamento en 1Cor. 11:20 para referirse a “la cena del Señor”. Esta ordenanza pertenece al Señor. Él la instituyó, la definió, la ordenó y Él consuma su significado. Clifford B. McManis, The Biblically-Driven Church (Bloomington, IN: XLibris, 2016), 28. En segundo lugar, la construcción gramatical griega en Apoc. 1:10 y 1 Cor. 11:20 es diferente de la construcción para referirse al día del Señor escatológico (Hch. 2:20; 1 Cor .5:5; 2 Cor. 1:14; 1 Tes. 5:2; 2 Tes. 2:2; 2 Ped. 3:10). En tercer lugar, aunque el día del Señor escatológico es clave en el libro de Apocalipsis, no lo es en el contexto inmediato del versículo 1:10 ya que presenta a Cristo en su papel activo en la iglesia hoy. Robert L. Thomas, Revelation 1-7: An Exegetical Commentary (Chicago: Moody Publishers, 1992), 91. Finalmente, el día del Señor escatológico es siempre una referencia a un periodo de tiempo de juicio sobre el incrédulo, mientras que la revelación que recibe el apóstol Juan engloba mucho más que eso.

[4] Pliny, Epistle X.xcvi, citado en Henry Bettenson, ed., Documents of the Christian Church (Oxford: Oxford University Press, 1943), 4.

[5] Didache, XIV.

[6] Carta a los Magnesios, IX.i.

[7] Justino Martir, Apología, I.lxvi.

David González

Autor David González

Pastor de la Iglesia Evangélica Teis en Vigo (España) y profesor adjunto del Seminario Berea en León (España). Tiene una Maestría en Divinidad de The Master’s Seminary. David está casado con Laura y tienen 2 hijas (Noa y Cloe).

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