Una de las dudas más comunes para los estudiantes de español como segunda lengua es saber si el complemento indirecto se puede colocar dos veces en la misma frase. Sí, seguro que a ti también te extraña esta duda. Pero en nuestra lengua, es muy común que el pronombre del complemento indirecto se repita, incluso si el objeto indirecto aparece detrás del verbo, el pronombre suele repetirse delante también. Ejemplo: Le compré un regalo a mi hijo mayor; Se lo compré/ Se lo compré a mi hijo mayor. No hay duda de que se puede duplicar el complemento indirecto, especialmente porque tenemos pronombre “se” actuando como complemento directo e indirecto.

Sin embargo, dentro de la esfera espiritual, especialmente en los primeros años de caminar en Cristo, una de las dudas más frecuentes es: ¿seré salvo, de verdad? ¿Cómo puedo estar seguro de mi salvación? En un primer momento, te aconsejaría que leyeses la Primera carta de Juan, porque: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna”. (1 Juan 5:13).

Sin embargo, quiero ser práctico y apuntarte a realidades observables, medibles, pragmáticas y evaluables que puedes apreciar en tu vida para tener la certeza de tu salvación. Concretamente me refiero al fruto del Espíritu. Pablo escribe la carta a los Gálatas compartiendo el mismo tema que la carta a los Romanos: el hombre es justificado ante Dios SIN las obras de la ley. Romanos 4:3 y Gálatas 3:6 citan el mismo pasaje del Antiguo Testamento y se repite el mismo argumento: la fe de Abraham previa a su circuncisión. ¿Por qué escribir dos cartas similares y no reenviarlas o hacer que circulen? Porque la diferencia principal entre ambas cartas está en el tono: Romanos escribe a los amigos de la verdad, no hay adversarios personales. Pero cuando Pablo escribe Gálatas, Pablo es duro contra los que pervierten la doctrina de la cruz (pretendiendo añadir obras a la salvación en Cristo) y cuestionan la autoridad de Pablo. Pablo no juega ni permite que nadie juegue con la verdad del evangelio. De ahí que Gálatas sea una epístola llena de contrastes: La gracia y la ley; la fe y las obras; el Espíritu y la carne (3:3; 5:16; 6:8); la circuncisión y el hombre nuevo (6:15); y, finalmente, el mundo y la cruz de Cristo (6:14).

Y es aquí donde Pablo presenta el fruto del Espíritu, en contraste con las obras de la carne (5:19-21). “Carne” tiene un significado constante en la Palabra de Dios y apunta siempre a la naturaleza humana, hombre creado, natural, con su tendencia al pecado. La carne es contraria a Dios siempre. Una lectura simple es suficiente para entender que las obras de la carne son contrarias a Dios y, por ende, evidencia de la necesidad de la obra de salvación de Dios en la persona de Cristo.

Pero, por el contrario, ¿qué produce el Espíritu? En primer lugar, se trata de un fruto único, similar a un diamante con varias esferas o lados. Un fruto único que se evidencia de muchas maneras, en muchas esferas.

  1. Amor: es la mayor forma de amor (ágape). Es un amor de “unos a otros”, que supera los lazos familiares, amistad etc. Es un amor que no puedes producir tú. Y su contraste es evidente con la “inmoralidad” o “porneia”, que implica el grado máximo de amor a uno mismo.
  2. Gozo: frente a enemistades, pleitos, celos, enojos. Está relacionado con la eternidad, con saber que estás a bien con el Dios SANTO, por medio de la obra de Cristo.
  3. Paz: frente a rivalidades, disensiones, sectarismos, envidias que produce la carne
  4. Paciencia: capacidad de aguantar en el tiempo, de no desesperarse, de no perder la perspectiva, de soportar lo que es contrario a nuestro deseo personal, porque miramos a la eternidad y no a este mundo presente.
  5. Benignidad: Poner la otra mejilla, el estar dispuestos a ayudar.
  6. Bondad: un comportamiento intachable.
  7. Fidelidad: relacionado con el ejercicio de la fe, poner en práctica nuestra fe.
  8. Mansedumbre: ser un espíritu apacible, no guerrillero. Tiene toda la fuerza, pero la tiene bajo control. No estalla, no entra en ebullición, sino que se tiene a si mismo bajo control.
  9. Dominio propio: ser una persona que únicamente está bajo el dominio y control del ES.

Este es el fruto del ES. Un fruto único, con múltiples destellos, pero que es una globalidad que se manifiesta en cada esfera de la vida. Por eso Pablo concluye que “contra tales cosas no hay ley” (Gál 5:23b).

Si Dios ha hecho una obra de salvación en tu vida a través de Cristo, junto con tu pecado, has crucificado la carne (5:19-21) y debes crucificarla día a día. Las obras de la carne no son necesarias. Por eso, crucificar implica destruir, matar, aniquilar. Al igual que Cristo borró nuestros pecados (Col 2) de una manera definitiva, nosotros debemos borrar también, definitivamente, a la carne de nuestras vidas. Las obras de la carne son podredumbre; el fruto del Espíritu es victoria.

Y si Dios no ha hecho una obra de salvación en tu vida, recuerda Juan 17:3 Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Ven a Cristo, arrepentido y cree. Cristo es el único camino al Padre y a la eternidad y solo en Cristo tienes la seguridad de tu salvación evidenciada en el fruto del Espíritu. ¿Seré salvo de verdad? Mira tu vida.

 

Daniel Corral

Autor Daniel Corral

Sirve al Señor en una iglesia en Pontevedra y es profesor en el Seminario Berea (León, España).

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