Nadie duda de que David Martyn Lloyd-Jones (20 de diciembre de 1899 – 1 de marzo de 1981) fue una de las figuras más influyentes del cristianismo bíblico del siglo XX. Lo que no tantos conocen es que, en 1939, Lloyd-Jones viaja a Londres para servir como pastor asociado en Westminster Chapel, bajo la supervisión de George Campbell Morgan. No fue hasta la jubilación de Morgan en 1943 que Lloyd-Jones comienza su ministerio como pastor predicador de Westminster Chapel. Un ministerio basado en la predicación expositiva durante 25 años, hasta el momento de su jubilación en 1968. ¿Por qué Morgan eligió a Lloyd-Jones como su sucesor? Morgan reconoció y alentó los dones de predicación de Lloyd-Jones. Y cuando Morgan pasó a la presencia de Cristo, Lloyd-Jones reconoció los dones de predicación de su antecesor y dijo en su funeral: “Y «vino un hombre de parte de Dios» llamado George Campbell Morgan; llegó en el momento crítico, justo cuando era preciso canalizar, profundizar y fomentar todas aquellas emociones y experiencias espirituales. Los evangelistas habían cumplido su labor; había llegado el momento del maestro, y Dios lo envió”. Morgan llamó como sucesor a Lloyd-Jones porque reconoció sus dones como predicador expositivo. Y este era el legado que quiso dejar a su querida iglesia de Westminster Chapel: un predicador fuel de la Palabra de Dios.

Si Morgan comprendió que Westminster Chapel necesitaba un predicador expositivo como Lloyd-Jones, ¿qué necesita una iglesia recién plantada o una iglesia centenaria? La respuesta es un predicador expositivo que predique la Palabra de Dios, porque:

1.- El poder de Dios y del Espíritu Santo solo actúa cuando la Palabra es predicada (Juan 17:17, Efe 6:17), tanto en la edificación de los santos, como en la salvación de los perdidos (1 Ped 1:23). De esta manera, el predicador expositivo no es más que un heraldo de la Palabra de Dios que da el protagonismo a la propia Palabra de Dios. Es la Palabra la que habla, no el predicador.

2.- La Palabra de Dios es la única que tiene el poder de mantener al predicador y a la iglesia en una adoración centrada en Cristo. La teología informa la doxología. Una alabanza Cristocéntrica nace de un púlpito Cristocéntrico, donde la Palabra es el centro (Juan 4:23). Cuando se predica la Palabra se cultiva la mente de Cristo (Fil 2:5). La sabiduría de Dios se conoce por medio de la Palabra de Dios y la obra del Espíritu Santo (1 Co 2:6–16). Y entonces, se conoce mejor a Dios y se adora mejor a Dios.

3.- La Palabra de Dios es donde reside el poder del púlpito. Lloyd-Jones, Spurgeon, Pablo, Atanasio, Calvino… el poder de sus púlpitos estaba anclado en la Palabra de Dios, no en su elocuencia personal, mucho menos en su sabiduría humana (1 Cor 1:18-21).

4.- La Palabra de Dios produce un gozo que no depende de las circunstancias del predicador, ni de la audiencia (Salmo 1:1-2; Juan 15:11). Un gozo de salvación, como se observa a lo largo de la historia, tal y como sucedió en:

Hechos 13:46 Entonces Pablo y Bernabé hablaron con valor y dijeron: Era necesario que la palabra de Dios os fuera predicada primeramente a vosotros; mas ya que la rechazáis y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles. 47 Porque así nos lo ha mandado el Señor: Te he puesto como luz para los gentiles, a fin de que lleves la salvación hasta los confines de la tierra. 48 Oyendo esto los gentiles, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor; y creyeron cuantos estaban ordenados a vida eterna. 49 Y la palabra del Señor se difundía por toda la región.

5.- La Palabra de Dios es la única base de la unidad en la iglesia y produce un fruto duradero, tanto presente como eterno (Efe 4:11-16). Predica la Palabra de Dios si buscas que tu iglesia recién plantada o centenaria disfrute de edificación y salvación, de una adoración Cristocéntrica, de un púlpito Cristocéntrico, de un gozo inalterable y de unidad en Cristo.

Predica la Palabra de Dios. No es una receta nueva. Jesús invirtió su ministerio en predicar la Palabra de Dios y formar a otros, concretamente a los Doce, para predicar la Palabra de Dios (Lucas 8:1-3). Tampoco es una receta nueva la predicación expositiva (Neh. 8:8). Lloyd-Jones siguió a Morgan de la misma manera que Timoteo siguió a Pablo, cumpliendo la misma premisa: «Predica la Palabra» (2 Tim 4:2). Así que, sea que formes parte de una plantación o de una iglesia centenaria, recuerda que la Palabra de Dios debe ser el centro. Acude a una plantación o a una iglesia centenaria, donde se predique la Palabra desde la Palabra, en el poder del Espíritu, para edificación de los salvos y salvación de los perdidos. Y todo, para la gloria de Dios.

Daniel Corral

Autor Daniel Corral

Sirve al Señor en una iglesia en Pontevedra y es profesor en el Seminario Berea (León, España).

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