En otra época podíamos confirmar que estábamos en periodo navideño en el momento en que a los niños les daban las vacaciones, pero algo ha cambiado. No solo que en muchos centros escolares “navidad” es una palabra prohibida… Para muchos hoy, la navidad empieza bastante antes que el periodo vacacional. Las marcas comerciales aprovechan la tesitura para promocionar sus mercancías. Saben que se trata de una ocasión única, y por eso invierten mucho dinero en ganarse un espacio en la mente y corazón de los consumidores. Y algunos lo han conseguido al punto de lograr que relacionemos esta época con sus productos. Sin embargo, el que es sin duda el mejor anuncio de la navidad fue realizado muchos siglos atrás por el profeta Isaías:

Pero no habrá más lobreguez para la que estaba en angustia. Como en tiempos pasados El trató con desprecio a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí, pero después la hará gloriosa por el camino del mar al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles.

El pueblo que andaba en tinieblas

ha visto gran luz;

a los que habitaban en tierra de sombra de muerte,

la luz ha resplandecido sobre ellos.

Multiplicaste la nación,

aumentaste su alegría;

se alegran en tu presencia

como con la alegría de la cosecha,

como se regocijan los hombres cuando se reparten el botín.

Porque tú quebrarás el yugo de su carga, el báculo de sus hombros,

y la vara de su opresor, como en la batalla de Madián.

Porque toda bota que calza el guerrero en el fragor de la batalla,

y el manto revolcado en sangre, serán para quemar, combustible para el fuego.

Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado,

y la soberanía reposará sobre sus hombros;

y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso,

Padre Eterno, Príncipe de Paz.

El aumento de su soberanía y de la paz no tendrán fin

sobre el trono de David y sobre su reino,

para afianzarlo y sostenerlo con el derecho y la justicia

desde entonces y para siempre.

El celo del Señor de los ejércitos hará esto.

Isaías 9:1–7

 

  1. Un anuncio esperanzador

En el momento en el que Isaías escribe estas palabras, el pueblo se encuentra en pleno declive.

La nación atraviesa una etapa de gran inestabilidad. Acechado por enemigos más fuertes, el pueblo se encuentra dividido, y no solo en cuanto a fronteras, también en lo espiritual. Se trata de un tiempo de profunda oscuridad moral y angustia existencial. Sin embargo, el profeta trae un mensaje que cambiará la realidad del mundo entero para siempre.

Los israelitas estaban siendo sometidos por el ejército asirio. Y ese hostigamiento había comenzado por las regiones del norte. Por ahí había entrado la oscuridad primero. Pero de la misma forma, anuncia Isaías, por ahí habría de venir la luz también. Los asirios tenían como uno de sus principales dioses a Shamash, el dios de la luz. Y de alguna manera los israelitas se habían visto seducidos por esta figura. Pero el profeta sabe que su luz no es más que oscuridad. La verdadera luz está por llegar. En el capítulo 8 del evangelio de Juan, versículo 12, Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”.

No importa cuán oscura fuera la realidad de ese pueblo ni la tuya hoy, la Biblia confirma que Cristo tiene la capacidad de iluminar la más tenebrosa de las tinieblas. Al punto de traer gozo y alegría aun en medio de la muerte y la destrucción que el pecado pueda provocar.

  1. Un anuncio liberador

Para una generación como la nuestra parece que la guerra es algo que vemos desde una pantalla. Pero ya sea buscando ampliar su territorio o defendiendo el que ya poseían, ni israelitas ni judíos dejaron sus armas a un lado. El célebre escritor Henry Miller describió la guerra como “el final del espíritu humano”. La guerra es muerte. Es hambre. Es miedo. Es pérdida. Particularmente para el conquistado o el que no tiene la capacidad de defenderse. Y este es el caso de Israel. Pero aquí se anuncia el fin del conflicto. Y esto resulta impensable para quien no tiene los recursos necesarios para lograrlo. Cuando sus enemigos están todavía presentes. Cuando cada día tienen que enterrar a sus muertos. Pero el profeta anuncia la liberación, una liberación final.

En el momento en que uno hace una mudanza se da cuenta de la cantidad de cosas que ha ido acumulando. Artilugios que un día parecían fundamentales pero que con el tiempo caen en desuso. O se quedan obsoletos. Eso es lo que le sucede al pueblo con las armas. ¡Ya no las necesitarán más! Con la venida del Mesías, sus ropas y sus armas todavía manchadas de sangre no volverán a hacerles falta.

La mayoría nosotros nunca hemos estado involucrados en una guerra. Sin embargo, todos nos encontramos inmersos en un conflicto de dimensiones espirituales. Sabemos por experiencia lo que significa vivir sometido a la voluntad del pecado. Y de la misma forma que las armas de Israel resultaban inútiles ante sus enemigos, las nuestras también lo son. Pero el gran anuncio de la navidad es que lo que los reyes y gobernantes de este mundo no pueden lograr, lo que nosotros mismos no podemos conseguir… En Cristo, dice la Escritura, es posible. ¡Él es nuestro libertador!

  1. Un anuncio transformador

Lo más llamativo de este texto es que esa esperanza, esa liberación, esa capacidad de transformación se hallan específicamente en un niño. Y es que este es un nacimiento transformador.

Transformador para con el Hijo: Uno que Siempre ha sido Hijo de Dios, pero ahora también será hombre. Transformador para con el universo: Dios habitando entre los hombres, en este mundo, en esta realidad física y material. Transformador por la eternidad: Su presencia no hace sino aumentar Dice el texto, “Desde entonces y para siempre”. E Isaías utiliza cuatro nombres que nos ayudan a contemplar al niño que nace en Belén como quién realmente es: Admirable Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno y Príncipe de Paz. Todos ellos confirman la verdadera identidad de ese bebé: Dios hecho hombre.

No hay duda. Este es el mejor anuncio de la Navidad que jamás se haya hecho. Y como buen anuncio había que ponerle música. George Haendel lo hizo en 1741 con su obra “el Mesías”. Desde su estreno se ha interpretado en innumerables ocasiones en todo el mundo. Particularmente en la época de Navidad. Pero la belleza de la música nunca superará el glorioso motivo que la provoca.

La Biblia confirma que de la misma forma que vino a este mundo, Cristo regresará. No ya como un bebé que está por nacer, sino como un Rey que viene a establecer su reino y someter a sus enemigos de manera definitiva. Mientras tanto, la pregunta para ti en estos días es la siguiente: ¿Has sido iluminado por el Salvador?

Heber Torres

Autor Heber Torres

Director del Certificado de Estudios Bíblicos. Profesor de exégesis y predicación en Seminario Berea. Pastor de Redentor Madrid.

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