El ritmo musical es la sucesión y alternancia de los sonidos, sus acentos (fuertes o débiles) y sus duraciones (largas o cortas). Estas sucesiones y alternancias permiten que los sonidos se agrupen en compases binarios, ternarios o cuaternarios. El compás binario consta de dos pulsos de duración igual: el primero fuerte y el segundo débil. El ternario consta de tres pulsos. El primero es fuerte y los otros dos débiles. Por último, el compás cuaternario consta de cuatro pulsos donde el primero y el tercero son fuertes (el primero es más fuerte que el tercero) y el segundo y el cuarto, débiles. ¿Qué ritmo lleva tu vida? ¿El del mundo o el de la Palabra de Dios? ¿Qué ritmo marca tu vida? Esta es la pregunta que debes contestar al finalizar esta lectura.

En los versículos 8-19 de Proverbios capítulo 1, Salomón te apunta al ritmo adecuado para evitar el camino de los simples. El ritmo de la vida está marcado por la obediencia. Si ya has leído estos versículos, habrás visto que Salomón utiliza en tres ocasiones la frase “hijo mío”. De esta manera, Salomón marca los tres pasos del ritmo de la vida adecuado.

  1. Recuerda el camino adecuado (vv. 8-9)

El concepto griego sabiduría es similar la nuestro, donde el sabio es el que sabe más o que posee un coeficiente intelectual mayor. Sin embargo, el concepto hebreo de sabiduría, y, por tanto, el de Salomón, se basa en la demostración práctica. Así, para Salomón, el sabio no es el que más sabe, sino el aplica lo que sabe. El sabio es el que anda, vive, obedece, y se mueve en obediencia con los parámetros de Dios expresados en su Palabra, porque Dios es el principio de la sabiduría (Pro 1:7).

El ritmo adecuado está basado en las enseñanzas de Dios que deben de ser transmitidas en el seno familiar. Salomón comienza con este énfasis: deja todo lo que estás haciendo y escucha, oye, presta atención, porque en esto, te va la vida. Y Salomón habla entonces de dos conceptos. El primero es la instrucción de padre. No tiene que ver con las instrucciones que encontramos para montar un mueble de Ikea, sino con la corrección que un caballo recibe por medio de las correas (origen etimológico de esta palabra), para llevarlo por el camino adecuado. Esa es la corrección paterna, ese toque en el estribo. En segundo lugar, no abandones la enseñanza de tu madre. La palabra que Salomón utiliza para enseñanza es la misma, que en castellano se ha traducido por ley (Torah). Salomón te apunta a la corrección y la dirección de la ley. Un trabajo que ambos progenitores deben llevar a cabo.

Salomón anticipa el resultado: guirnalda para tu cabeza. La guirnalda era un símbolo que implicaba “estar unido”, en un sentido positivo. La corrección y la enseñanza serán algo bueno que te acompañarán siempre, como una guirnalda (una parte de la vestimenta). Y collares tiene la idea de adorno, de ornamento. La corrección y la enseñanza serán las piedras principales que adornarán tu collar. La corrección y la enseñanza te acompañarán siempre y te adornarán, harán que tu comportamiento brille, especialmente si se compara tu vida con la de los necios. Por este motivo, Salomón ha comenzado recordando el camino adecuado.

  1. No te desvíes del camino adecuado (vv. 10-14)

En segundo lugar, Los versículos 10-19 te demuestran el ejemplo del camino de los necios, aquellos que siguen la segunda parte del v. 7. En lugar de corrección y enseñanza, que se traducen en guirnalda y collar, Salomón te advierte contra el camino del necio, aunque inicialmente parezca que su final es mejor que la guirnalda y el collar. Pero Salomón es claro: “no consientas” (v. 10).

Los pecadores son los que yerran el blanco, los que no cumplen con el estándar de Dios. Son los que quieren seducirte. Como Dalila en Jueces 14:15 “induciendo” a Sansón a rebelar el secreto de su fuerza. Es la misma idea. De ahí que Salomón sea taxativo: no consientas que la voluntad del necio te saque de tu camino (vs. 11-14). Su plan puede parecer perfecto. El resultado parece estar asegurado con un 100% de éxito, con un 100% de ganancia y con 0% riesgo. No consientas. No te desvíes del camino, no sigas otro ritmo, porque existen peligros, que Salomón presenta a continuación.

  1. Evita los peligros que hay fuera del camino adecuado (vv. 15-19)

No vayas en su dirección, no andes en el camino con ellos, porque (v. 16) todo su plan es hacer mal. Este es su único afán. Por este motivo, Salomón insiste en que no vayas en su dirección, no andes por su camino, porque son malos y trabajan para el mal. Hay más motivos, que explica en los vs. 17-19, con lo que concluirá esta llamada a seguir el ritmo de la vida marcado por la sabiduría. Sus planes son vanos. La raíz de “vano” es la misma que el nombre de Nabal, el marido de Abigail, que pasó a la historia por su falta de luces. Los planes del necio son tan faltos de luces como Nabal. De hecho, los planes del necio vendrán contra ellos.

¿Qué ritmo prefieres seguir? No seas como los necios. Jesús escogió lo mejor y nos dejó una vida perfecta de obediencia al Padre. Jesús nos dijo que Él es el camino al Padre, así como la verdad y la vida. Jesús es la puerta estrecha, el camino angosto.

El ritmo es esencial para la música, como lo es para la comunicación, porque las pausas y entonaciones enfatizan el mensaje. El mensaje de Salomón es claro: oye la corrección, el golpe de rienda de tu padre, y sigue la dirección que te marca la ley, obedece. No hay pérdida, el camino lo marcó Cristo y el ritmo es la obediencia. ¿Qué ritmo marca tu vida?

 

Daniel Corral

Autor Daniel Corral

Sirve al Señor en una iglesia en Pontevedra y es profesor en el Seminario Berea (León, España).

Más artículos de Daniel Corral