Los estragos en el mercado laboral español causados por el COVID-19 han vuelto a dar relevancia al tema del trabajo. El Coronavirus es una amenaza para la salud de la población española, pero también para la economía del país. El Estado de Alarma[1] decretado por el gobierno ha desencadenado cientos de miles de ERTEs[2], que están afectando a más de dos millones de trabajadores. Incontables familias han perdido sus empleos y se han quedado sin fondos para hacer frente al alquiler o hipoteca. Como cristianos, en medio de una sociedad que ha reducido el trabajo a un «mal necesario», necesitamos, más que nunca, saber qué dice Dios al respecto. La Biblia es clara: trabajar es el buen propósito de Dios para el ser humano.

A bote pronto, tal afirmación debería causar cierto rechazo, ya que a lo largo de la historia se ha considerado que trabajar es un castigo de los dioses. El famoso mito de «la caja de Pandora» del siglo VII a.C. cuenta como Zeus se vengó de los hombres por haber robado, con la ayuda del Titán Prometeo, fuego del Olimpo. Zeus regaló un ánfora a Pandora, la primera mujer creada por el dios del fuego, y cuando ella la abrió escaparon todos los males que existen en el mundo, entre ellos el trabajo. Tres siglos después, Platón, cuya influencia en el pensamiento de Occidente no tiene parangón, enseñó una perspectiva similar, afirmando que el trabajo pertenecía al mundo de lo corruptible.

La filosofía griega por siglos despreció el trabajo, y esta perspectiva llegó hasta nuestros días por medio de la religión. En el siglo IV d.C. Eusebio de Cesárea enseñó que trabajar era una forma de vida mundana. Agustín de Hipona en el siglo V, Benedicto I en el VI, y Tomas de Aquino en el XIII, afirmaron que Dios castigó al hombre obligándole a trabajar.

El advenimiento del Capitalismo cambió los términos sin abandonar la perspectiva negativa del trabajo. Ahora no es una maldición divina, es el medio necesario para llegar a un bien deseado. Es decir, si no fuese por las ganancias que generase, por sí mismo carecería de valor. Sin embargo, Dios ha dicho que el trabajo es bueno, al margen de los beneficios que produzca, porque constituye el propósito de haber creado a la humanidad conforme a Su imagen.

Génesis 1:26 narra la decisión de Dios de crear al hombre a Su imagen y semejanza, y justo después dice: «y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra». La segunda mitad de este versículo establece el propósito de la creación del hombre a imagen de Dios, tal y como demuestra que la frase «y ejerza dominio» literalmente sea «para que ejerza dominio». Este dominio se refiere al trabajo que el hombre debía desempeñar a causa de su autoridad.[3] El propósito de dicha autoridad era que por medio de su esfuerzo la tierra fuese productiva (Gén 2:5, 15). El versículo 26 no separa la esencia del hombre de su razón de ser. Es decir, si fue creado a la imagen de Dios es para que «ejerza dominio…», esto es, para que trabaje la tierra. En palabras del escritor Sinclair Ferguson: «El hombre… necesita ser recordado que el trabajo no es consecuencia del pecado. El hombre fue creado para trabajar, porque el Dios que lo creó es un Dios que trabaja»[4].

Dos versículos más adelante, en Génesis 1:28, Dios los bendice: «Y los bendijo… y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla; ejerced dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra». El Creador vuelve a utilizar la misma frase que en el versículo 26, «ejercer dominio», pero en este caso lo hace a modo de bendición. Él no bendijo al ser humano diciéndole: «disfrutad de unas vacaciones eternas en el huerto del Edén», sino que Su bendición fue «ejercer dominio», y esto significa «trabajar en las áreas que estaban bajo su autoridad».

El trabajo es duro y agotador, pero no se debe a que el diseño divino fuese defectuoso, sino que es por culpa del pecado. Los cristianos trabajan en un mundo corrompido, pero gracias a Cristo, para ellos trabajar es hacer el bien (2 Tes 3:7-13). En el poder del Espíritu pueden trabajar para un jefe terrenal con el mismo gozo y diligencia que si estuviesen labrando el huerto del Edén para Dios. La Escritura es clara al respecto, sea cual sea el trabajo de una persona, siempre y cuando no sea pecaminoso a la luz de la Palabra, si trabaja está caminando en la voluntad de Dios, tal y como ilustró el predicador inglés Charles Spurgeon: «El taller, la granja, el fregadero, la herrería, se convierten en templos cuando los hombres y las mujeres que están en ellos trabajan para la gloria de Dios»[5].

Esta es la hermosura del evangelio: Jesús transforma a hombres y mujeres de tal manera que, aunque el trabajo haya sido manchado por la Caída, pueden exclamar: «¡qué bendición es trabajar!» Por lo tanto, con las mismas ganas que los redimidos adoran a Dios en la iglesia el domingo, deberían ir a trabajar el lunes, porque el trabajo es el bendito propósito de Dios para el ser humano. Esta verdad debería ser suficiente para motivar a los creyentes sin empleo a causa de la crisis del COVID-19 a suplicarle a Dios que provea de un nuevo trabajo, sabiendo que es Su diseño y, por implicación, Su voluntad para ellos. Y mientras claman, que pacientemente esperen y descasen en los brazos amorosos del Dios de los cielos y la tierra.

 


[1] Si lees este blog desde el extranjero puedes informarte en este enlace acerca de qué es el Estado de Alarma español: https://www.defensa.gob.es/defensa/cadenamando/situaciones/ (acceso 4 de abril del 2020).

[2] Un ERTE es un expediente de regulación temporal de empleo que permite a la empresa suspender temporalmente la relación laboral existen con sus empleados. A efectos prácticos significa, o bien una reducción de la jornada laboral, lo que conlleva una reducción de sueldo, o bien, un despido temporal con la garantía para el «empleado» de volver al mismo puesto de trabajo cuando la situación se regule, pero mientras tanto no recibe su salario.

[3] Véanse a modo de ejemplo los siguientes pasajes: Levítico 25:43, 46, 53; 1 Reyes 5:30; 9:23 y 2 Crónicas 8:10. En estos tres casos, tanto los amos con esclavos, como los oficiales supervisando el templo, o los oficiales del rey gobernando al pueblo, todos ellos se esforzaban trabajando en cumplir y desempeñar sus cargos de autoridad. Un buen oficial del rey no era el que se echaba a dormir sin gobernar al pueblo. Ni un buen amo no compraba esclavos para poder tener una jubilación anticipada, sino que lo hacía porque buscaba ser más productivo en su hacienda. Los oficiales del templo estaban al frente de la obra modelando el tipo de trabajo que se esperaba del resto de los trabajadores. La autoridad de estos oficios no era para evitar que los oficiales trabajasen, al contrario, «ejercer autoridad» suponía un duro y disciplinado trabajo.

[4] Sinclair B. Ferguson, A Heart for God (Edinburgh, Scotland: Banner of Truth, 1987), 31.

[5] C. H. Spurgeon, «You Serve the Lord Christ» en Morning and Evening: Daily Readings (London: Passmore & Alabaster, 1896), noche, 11 de diciembre.

Rubén Videira

Autor Rubén Videira

Decano académico de Seminario Berea. Profesor de exégesis. Master en Divinidad y Teología.

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